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martes, septiembre 05, 2006

 

5 de Septiembre

Hoy se cumplen 18 años de la muerte de mi abuelo, lejos la persona más importante de mi vida, y a pesar de que han pasado muchos años lo sigo sintiendo fuerte.
Recuerde un dia soleado el de su funeral, miles de personas, una gran fila que subia y bajaba cerros, micros llenas de gente, muchas flores, muchas caras conocidas y aún más caras desconocidas.
Yo tenia mucha pena, estaba desecho, desde el momento que mi mamá me lo contó para mi es una gran nebulosa humedecida con muchas lagrimas. Recibi muchos abrazos, algunos queridos, otros que no lograba entender. La gente se volcaba a consolarme, parecia ser el más afectado. Yo solo estaba en trance, no entendia muchas de las cosas que se hacian ahi, yo tenia pena, mi abuelo habia muerto y no lo veria más.
El murio un lunes, el dia anterior era la inauguración de San Carlos de Apoquindo, mi papá en su afán por acercarnos y acercarme al football habia comprado las entradas con mucha anticipación. Pero el dia anterior el llamó diciendo que habia habido un accidente en Curacacví y que los autos no podian pasar y que le habia pedido a mi vecino que me llevara. Me dio lata pero lo comprendi. Tambien me dijeron que mi abuelo estaba bien y yo con eso quedé tranquilo. La verdad es que estaba en la últimas y no queria dejar a mi mamá sola en esos momentos.
Al dia siguiente, es decir el mismo dia 5, recuerdo que mi mejor amigo de ese entonces me preguntó por mi abuelo y yo inocente creyendo lo que se me decia le dije que estaba bien, mucho mejor, y me largué a llorar. Tiempo despues, cuando supe la hora de su muerte, comprendí que ese llanto se produjo justo en los momentos que mi abuelo estaba muriendo. No se que tan cierto es eso, pero para mi es una verdad que guardo como una señal.
En la tarde bajo de la liebre y estaba el auto de mi papá, de hecho el sale a recibirnos y le dice algo a la tía de la liebre. Entro y está mi mamá sentada en su cama. No era común que ella estuviera a esta hora en la casa y menos normal era su cara de pena considerando que mi abuelo se supone que ya estaba mejor. Ahi nos dijo que mi abuelo se habia ido, esas fueron sus palabras. Yo no sé porque pensé que se habia ido a Arica, osea que era dificil verlo pero que con esfuerzo lo podría volver a ver. Pero esos fueron solo segundos, rapidamente entendí el verdadero sentido de esa frase y me puse a llorar. Se que me abrazaron, no se quien, probablemente todos, incluida mi nana y su hija, ellas habian trabajado donde mi abuelo y estaban igual de afectadas. Poco despues llegó la profesora particular de mi hermana, una tipa que yo consideraba muy antipática, sin embargo recuerdo que me abrazó y me dejó llorar libremente, que era lo que yo más necesitaba.
De ahi no se nada más de ese dia. Mi memoria solo reaparece al dia siguiente, ibamos todos camino a Valparaiso, no sé porque ibamos alegres, pero al llegar a Peñuelas no sé si fui yo o el ambiente general, pero la pena volvio, todos volvimos al silencio y nos empezamos a acercar al momento más triste que he conocido.
Llegamos a la casa, abracé a mi abuela, un tio me abrazó e insistio en que llorara no más. Eso no tenia que decirmelo, no era el quien me autorizaria a hacerlo, mi pena iba más allá, no habian limitaciones ni pudores, yo era un ente independiente que no necesitaba que le dijeran que debia llorar. Me trajeron un vaso de bebida y recuerdo movimientos por la casa, un ambiente oscuro, con pena, donde no habia comodidad posible.
Al rato partimos a la iglesia y en un golpe cruel del destino al antrar veo de espaldas a mi abuelo, o más bien dicho al hermano de mi abuelo, personaje del que no tenia nocion, pero que por atras era identico a el. Fue una broma macabra del destino, cuando se volteo me dijo que el seria como mi abuelo ahora. No sé que contesté.
Nos sentamos adelante, pero no tanto, junto a mi papá y mis hermanas. Una señora atras sin saber que eramos familiares nos hablaba y nos preguntaba cosas. Mi papá muy diplomático les respondia, yo no existia.
Pedi verlo. Creo que algunos se opusieron o comentaron que no era lo mejor, ya que la persona que estaba en ese ataud no era el abuelo que yo habia conocido. Igual insisti y me levantaron para verlo, o yo me incline para verlo, no me acuerdo bien, pero ahi estaba. Dormia, estaba serio, la cabeza vendada, estaba pelado, no se si le habian mantenido su bigote. Pero como sea, ahi estaba y esa imagen no la borraré nunca.
Al salir de la misa creo que pedi cargar el ataud, creo que me dejaron, no me acuerdo, por qué mierda no me acuerdo!!! Nos subimos al auto y fuimos los segundos en la fila tras el auto del hermano de mi abuelo. Fue un viaje largo lento, donde lo único que recuerdo es mirar hacia atras y ver una fila interminable de autos y micros arrendadas llenas de gente que venia al cementerio a acompañarnos, a despedirlo.
Hablo el cura, ironicamente un amigo de andanzas de mi abuelo que ya mayor habia decidido ser sacerdote, decision que creo no fue muy compartida por mi abuelo, sin embargo ahi estaba oficiando su último adios.
Ofrecio la palabra. Ya se habian organizado de que seria el hermano mayor de mi mamá quien hablabria y habló, no recuerdo que dijo, de seguro estuvo bien, es solo parte de la nebulosa para mi. Luego la infaltable vieja que tambien habló y el momento de verlo bajar. Pena negra, pura, de esa sin matices, solo pena, mucha, llorar, sentirse perdido. Mierda tenia 9 años y era el final de mi vida!!!
Despues la gente seguia abrazándme, parece que era el que peor estaba y querian protegerme. Me abrazó una prima de mi vieja, yo a ella no lo tenia mucho aprecio pero agradeci ese abrazó. Al rato partimos. mi hermana se iba con mi prima y yo con mis papas y creo que mi abuela, ya lo he repetido, todo ese momento era muy confuso para mi.
Nos fuimos al Marco Polo en Valparaiso, un restaurant tradicional, al que de seguro no volveré nunca, no solo por los recuerdos (a la cuca nunca más volvi tampoco) sino porque no era un gran lugar. Solo era el lugar donde la familia cercana almorzaria junta. Una gran mesa con los adultos, otra con los niños. Al rato el ambiente se distendio, hasta rieron, no dudo de la pena de cada uno, pero en ese momento los juzgué, me parecia desubicado estar ahi alegres comiendo cuando mi abuelo habia muerto. Yo no queria eso. Es cierto, quizás la mejor manera de honrar su recuerdo era comiendo bien, abundante y bien, como el lo hacia. Pero yo eso no lo comprendia.
Volvimos a la casa de mi abuela y de ahi el recuerdo desaparece o se desvanece un poco, solo algunas imagenes, y todo negro muy negro.
Creo que volvimos ese dia a Santiago.
Mientras escribo esto los ojos se me han llenado de lagrimas varias veces, he tenido que parar, ir al baño, distraerme unos segundos para poder continuar. Muchas cosas más se vienen a mi cabeza. Pero lo importante está acá, el recuerdo negro de un dia negro.
Han pasado 18 años y aunque ya no siento esa desesperacion al llorar que senti por mucho tiempo, la pena sigue siendo onda, profunda, dura, seca, sin amortiguadores. No miento al decir que el fue la persona más importasnte de mi vida. A lo mejor si estuviera vivo ahora tendriamos muchas diferencias, pero hasta ese momento el era mi mundo mi todo y se iba. Seguiré escribiendo sobre él, sobre los sentimientos que aun rondan en mi hacia el. A lo mejor no seran asi como este largo escrito, seran mas iluminados, más coloridos, y ahi podrán apreciar porque en 9 años el marcó mi vida.
Te sigo queriendo mucho TITO.

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