jueves, octubre 12, 2006
Continuando con la incontinencia visceral
Mi cabeza ha dado vueltas desde ayer en la tarde.
Se me ocurren muchas respuestas, ninguna me gusta, ninguna me representa a cabalidad.
Es rabia, es pena, es desilusión, es insatisfacción, es nada y es todo a la vez.
No quiero psicosis nuevamente. No quiero desesperarme ni pensar que el mejor y único camino para mí es la soledad. Encerrarme en mi metro cuadrado. No abrir ventanas, reclasificar a los que ya están adentro y abrirles la puerta si es necesario. Mirarme el ombligo y hablar con mi mano.
A lo mejor estoy siendo apresurado, melodramático. Quizás mañana cambe de opinión y le sonría a la vida, pero hoy al menos no quiero más. Desaparecer una y mil veces, todas las que sean necesarias para estar a gusto, cómodo, sin más miedos.
Un monstruo en lo profesional, sólido, a prueba de balas, ambicioso, trepador, eficiente, cumplidor. Aprender a blufear y buscar el mejor postor. Ponerme un precio alto y exigir más. Venderme, rematarme, liquidarme o incluso permutarme. Perder todo rasgo de humanidad y ser un ente. Atractivo, interesante, admirable y envidiable, pero un ente al fin y al cabo.
Saber mentir tan bien que hasta yo mismo crea en todas esas mentiras. Crear un mundo paralelo, ideal, donde no entran ratas, o mejor dicho, donde las únicas ratas que habiten sean las mías, las que yo seleccioné.
Comer, beber, pero no amar. Follar si lo necesito. Una vez al año o mil, no importa, que importancia tiene, si para mí al menos hasta el momento no significa nada. O significa mucho, y a lo mejor por culpa de esa falta, de ese error, divago así.
Dices lo siento, pero yo lo siento aun más, porque de una patada me bajaron del Cristo redentor y me devolvieron al cuartito aquel del que no debería haber salido. Me dices la verdad, pero esa verdad duele, cincuenta por ciento de descuento por reconocerlo no salva la situación, solo le da un aire, pero no permite evitar que me asfixie.
¿Vomitar servirá? A lo mejor si, de paso pierdo unos kilos. De paso boto algunas otras cosas y me siento feliz y dichoso. Y flaco, y admirable, y envidiable, y receptor de miradas llenas de dudas, de rumores. Nadie sabe lo que me pasa y nadie tiene por qué saberlo. Solo aquellas ratas que yo decida dejar entrar por mi ventana.
Al resto que se los lleve el viento. Tan lejos como estas palabras algún día.
Se me ocurren muchas respuestas, ninguna me gusta, ninguna me representa a cabalidad.
Es rabia, es pena, es desilusión, es insatisfacción, es nada y es todo a la vez.
No quiero psicosis nuevamente. No quiero desesperarme ni pensar que el mejor y único camino para mí es la soledad. Encerrarme en mi metro cuadrado. No abrir ventanas, reclasificar a los que ya están adentro y abrirles la puerta si es necesario. Mirarme el ombligo y hablar con mi mano.
A lo mejor estoy siendo apresurado, melodramático. Quizás mañana cambe de opinión y le sonría a la vida, pero hoy al menos no quiero más. Desaparecer una y mil veces, todas las que sean necesarias para estar a gusto, cómodo, sin más miedos.
Un monstruo en lo profesional, sólido, a prueba de balas, ambicioso, trepador, eficiente, cumplidor. Aprender a blufear y buscar el mejor postor. Ponerme un precio alto y exigir más. Venderme, rematarme, liquidarme o incluso permutarme. Perder todo rasgo de humanidad y ser un ente. Atractivo, interesante, admirable y envidiable, pero un ente al fin y al cabo.
Saber mentir tan bien que hasta yo mismo crea en todas esas mentiras. Crear un mundo paralelo, ideal, donde no entran ratas, o mejor dicho, donde las únicas ratas que habiten sean las mías, las que yo seleccioné.
Comer, beber, pero no amar. Follar si lo necesito. Una vez al año o mil, no importa, que importancia tiene, si para mí al menos hasta el momento no significa nada. O significa mucho, y a lo mejor por culpa de esa falta, de ese error, divago así.
Dices lo siento, pero yo lo siento aun más, porque de una patada me bajaron del Cristo redentor y me devolvieron al cuartito aquel del que no debería haber salido. Me dices la verdad, pero esa verdad duele, cincuenta por ciento de descuento por reconocerlo no salva la situación, solo le da un aire, pero no permite evitar que me asfixie.
¿Vomitar servirá? A lo mejor si, de paso pierdo unos kilos. De paso boto algunas otras cosas y me siento feliz y dichoso. Y flaco, y admirable, y envidiable, y receptor de miradas llenas de dudas, de rumores. Nadie sabe lo que me pasa y nadie tiene por qué saberlo. Solo aquellas ratas que yo decida dejar entrar por mi ventana.
Al resto que se los lleve el viento. Tan lejos como estas palabras algún día.