sábado, enero 27, 2007
Cometas
Muchas veces escribo sobre situaciones placenteras con cargados tintes glamorosos, con una cuota de sofisticación y que requieren de cierto capital para llevarse a cabo.
Bueno, por eso mismo no puedo dejar de mencionar la noche del jueves pasado. Por motivos domésticos fui a la casa de unos amigos al terminar el trabajo. Una vez visto el asunto, apareció la idea de una cerveza. Luego surgió la posibilidad que me quedara a comer ahí, incluso de hacer un asado.
Pero no fue en torno a una parrilla que seguiría esa calida tarde enero. Al rato nos sentamos en el patio a tomar las mentadas cervezas y comer un par de cosas mientras entre música y conversación se nos pasaban las horas. Un relajo que no suelo sentir con los amigos, acá estaba cómodo.
Hasta que alguien recordó el famoso cometa que por esos días era posible de ver. Y rápidamente nos entusiasmamos y partimos en busca de una buena ubicación donde apreciarlo. Pasamos por algunas cervezas más para seguir refrescando la noche ya a esas alturas. Y cuando íbamos animadamente conversando, el grito de uno de ellos nos puso sobre alerta acerca del cometa. El resto nos demoramos un par de segundos en reaccionar, ya que el protagonista del grito es más bien exagerado.
Ahí nos dimos cuenta que el cometa no era un invento mediático de noticiarios sin muchas noticias por la temporada estival. Era impresionante, de verdad se veía claramente, no solo su estela, sino que su cabeza y la curva que iba dejando. Buscamos un lugar donde instalarnos y todos en el pick-up con nuestras cervezas nos dispusimos a admirarlo y conversar. Ya sea por el escenario o por la valentía que entregan ya un par de cervezas en la sangre, las conversaciones empezaron a ser más intensas, mas sinceras, recordando experiencias pasadas, opiniones y en general una dinámica muy sana, relajada y mágica.
Luego a comer y seguir riendo, conversando y completando una noche que no planeé ni en sueños y que resulto ser una de las mas notables veladas que he tenido en el ultimo tiempo.
Así la vida pasa, me sorprende y me invita a seguir con ella.
Bueno, por eso mismo no puedo dejar de mencionar la noche del jueves pasado. Por motivos domésticos fui a la casa de unos amigos al terminar el trabajo. Una vez visto el asunto, apareció la idea de una cerveza. Luego surgió la posibilidad que me quedara a comer ahí, incluso de hacer un asado.
Pero no fue en torno a una parrilla que seguiría esa calida tarde enero. Al rato nos sentamos en el patio a tomar las mentadas cervezas y comer un par de cosas mientras entre música y conversación se nos pasaban las horas. Un relajo que no suelo sentir con los amigos, acá estaba cómodo.
Hasta que alguien recordó el famoso cometa que por esos días era posible de ver. Y rápidamente nos entusiasmamos y partimos en busca de una buena ubicación donde apreciarlo. Pasamos por algunas cervezas más para seguir refrescando la noche ya a esas alturas. Y cuando íbamos animadamente conversando, el grito de uno de ellos nos puso sobre alerta acerca del cometa. El resto nos demoramos un par de segundos en reaccionar, ya que el protagonista del grito es más bien exagerado.
Ahí nos dimos cuenta que el cometa no era un invento mediático de noticiarios sin muchas noticias por la temporada estival. Era impresionante, de verdad se veía claramente, no solo su estela, sino que su cabeza y la curva que iba dejando. Buscamos un lugar donde instalarnos y todos en el pick-up con nuestras cervezas nos dispusimos a admirarlo y conversar. Ya sea por el escenario o por la valentía que entregan ya un par de cervezas en la sangre, las conversaciones empezaron a ser más intensas, mas sinceras, recordando experiencias pasadas, opiniones y en general una dinámica muy sana, relajada y mágica.
Luego a comer y seguir riendo, conversando y completando una noche que no planeé ni en sueños y que resulto ser una de las mas notables veladas que he tenido en el ultimo tiempo.
Así la vida pasa, me sorprende y me invita a seguir con ella.