lunes, enero 15, 2007
Placer
Uno definitivamente puede acostumbrarse a una vida enfocada al placer.
Y lo digo sin culpa. Eso de las culpas ya lo deje atrás.
Y lo digo así, de forma directa, desmitificando cualquier contenido turbio que pueda atribuirse a la palabra placer.
Estos últimos tres fines de semana han tenido en común el hecho de haber estimulado mucho mis sentidos, de haber satisfecho necesidades más mundanas pero no por eso menos necesarias.
El vino y la buena comida han sido mis grandes compañeros. Definitivamente no hay nada mejor que vino, amigos, comida y una fabulosa vista, para sentirse en el cielo.
Y con amigos también me refiero a mi familia. En el fondo cualquiera que sepa disfrutar de lo sencillo y a la vez sofisticado que es conversar junto a una copa de vino y dos o tres cosas para picar, cabe en la definición de amigo para mí.
No me gusta mucho el verano de día, pero sus noches son algo insuperable, que justifican por si solo la sobre valoración que se hace de los climas cálidos. Es gracias a noches como esta que uno puede sentarse al borde de la playa con los papas a tomar un trago y comer mariscos, sin que nadie esté muriendo de frío. Es por noches así que se puede piscinear a las 12 de la noche con un compañero de ruta para dejar atrás un acalorado y terroso día de trabajo. Es por noches cálidas así que una fiesta simplemente se arma con una terraza, música y un par de cervezas para celebrar.
El invierno tiene otros goces. La primavera y el otoño son democráticos y permiten que todos encuentren su espacio. Pero en el fondo lo importante es conocer y disfrutar del placer. Cada cual tendrá su forma. La mía es algo sibarítica y esnob, es cierto, pero es autentica. Y eso ultimo es al final lo que importa.
Y lo digo sin culpa. Eso de las culpas ya lo deje atrás.
Y lo digo así, de forma directa, desmitificando cualquier contenido turbio que pueda atribuirse a la palabra placer.
Estos últimos tres fines de semana han tenido en común el hecho de haber estimulado mucho mis sentidos, de haber satisfecho necesidades más mundanas pero no por eso menos necesarias.
El vino y la buena comida han sido mis grandes compañeros. Definitivamente no hay nada mejor que vino, amigos, comida y una fabulosa vista, para sentirse en el cielo.
Y con amigos también me refiero a mi familia. En el fondo cualquiera que sepa disfrutar de lo sencillo y a la vez sofisticado que es conversar junto a una copa de vino y dos o tres cosas para picar, cabe en la definición de amigo para mí.
No me gusta mucho el verano de día, pero sus noches son algo insuperable, que justifican por si solo la sobre valoración que se hace de los climas cálidos. Es gracias a noches como esta que uno puede sentarse al borde de la playa con los papas a tomar un trago y comer mariscos, sin que nadie esté muriendo de frío. Es por noches así que se puede piscinear a las 12 de la noche con un compañero de ruta para dejar atrás un acalorado y terroso día de trabajo. Es por noches cálidas así que una fiesta simplemente se arma con una terraza, música y un par de cervezas para celebrar.
El invierno tiene otros goces. La primavera y el otoño son democráticos y permiten que todos encuentren su espacio. Pero en el fondo lo importante es conocer y disfrutar del placer. Cada cual tendrá su forma. La mía es algo sibarítica y esnob, es cierto, pero es autentica. Y eso ultimo es al final lo que importa.