jueves, febrero 01, 2007
Ambición
A veces puedo ser muy humanista. Muy sensible y algo utópico. A lo mejor me falta una visión más ambiciosa, quizás me faltan cojones o imprimir una mayor decisión en mis acciones.
Pero no es así. Soy ambicioso, soy seguro y tengo metas altas, me la juego por lo que quiero y logro entrar en la lógica del mercado para manejarme en este y no que este me maneje.
En ese sentido, y de manera complementaria al concepto de honestidad que he tratado de imprimir a mi actuar, he decidido convertirme en un producto. Pero un producto manejado por mi, para mi beneficio. ¿De qué se trata?
El punto es que laboralmente uno es un insumo, o una materia prima, o un medio que tiene la empresa para lograr sus cometidos y objetivos. En ese sentido, cuando uno está postulando a un trabajo, ellos disponen de diferentes candidatos entre los cuales elegir. Esa decisión final va ir asociada a la calidad del candidato, al costo de este y otros beneficios asociados que se puedan obtener a través de esa persona. En la idea antigua, el empleado (sin importar el rango de su cargo) debía preocuparse de mantener el trabajo, de ser siempre la mejor opción y evitar que su empleador optará por reemplazarlo.
Bueno, el concepto moderno, más actual, da una vuelta de tuerca a esta idea. La mayor preparación de los profesionales, la globalización de las empresas y la mayor importancia que va adquiriendo la calidad de vida para las personas, han hecho que ahora ese empleado no trate siempre de ser él quien se preocupe de mantener el empleo, sino que ahora es la empresa la que se debe preocupar de mantener a sus empleados.
Esto debido a que no es solo el sueldo o la posición la que interesa ahora. Los beneficios no monetarios, el ambiente de trabajo, las condiciones particulares de cada firma, hacen que un empleado opte por un lugar u otro. No es raro encontrarse con gente que ha dejado un trabajo estable, que ofrece muchas garantías a futuro, por otro donde a lo mejor deberá esforzarse más o incluso partir de cero, pero que le genera beneficios no siempre cuantificables pero sí considerables en su interior.
Volviendo a lo que planteé al principio, yo quiero manejar mi ambición no de una manera desesperada y algo salvaje, sino que de una manera inteligente, pausada y decidida. El lugar donde trabajo merece mi mayor lealtad y esfuerzo. Yo no solo trabajo con ellos de lunes a viernes de 8 a 6, yo soy parte de la empresa todo el tiempo, soy un embajador en cierta forma de mis jefes y tengo un compromiso real o tácito con el desarrollo y futuro de mi lugar de trabajo.
Pero ese compromiso tiene su costo, implica que la empresa debe compensarme por eso, evaluar la conveniencia de asegurarme ciertas condiciones de trabajo y a la larga mantenerme contento. Pero no como un capricho mío lleno de peticiones absurdas, sino que contento como profesional, como si fuera un proveedor o un cliente que se relaciona de igual a igual con la empresa.
También en este sentido cuando me toca ser un embajador de la empresa lo soy a la vez de mí mismo. Al presentar una imagen coherente con lo que soy y lo que represento, no sólo logro que la empresa quede bien y potencialmente mejore su negocio, sino que soy yo quien genera una imagen fortalecida, de confianza, ya que ofrezco lo que soy, ofrezco un compromiso con aquello que vendo, presento un producto y me presento a mi como parte de un todo.
Es esa vitrina la que debo aprovechar, pero de manera inteligente, no cayendo en un lucimiento personal, sino que a través de una imagen sólida. Hay muchas cosas que no pasan por mí en el trabajo, pero eso no le interesa a un cliente, a ellos les interesa que el producto o el servicio que se les ofrezca sea bueno, sea lo que ellos esperaban y esté ahí cuando ellos lo necesiten. Y en ese sentido presentar una imagen sólida de mi como profesional, va de la mano de representar bien a la empresa donde trabajo. Es una simbiosis que a mi modo de ver debe generar beneficios para todos los participantes del cuento.
Yendo a lo concreto, con esto busco aprovechar ciertas reuniones, seminarios, charlas, etc, para demostrar que soy capaz de manejar bien esto y más. De cierta manera me pongo en el mercado, pero no para buscar trabajo, sino para que el trabajo me busque a mí.
Alguna vez les dije a mis padres que mi próximo trabajo llegará a mí, ellos me buscarán y me levantarán, que espero no ser yo quien deba salir a golpear puertas nuevamente. Para eso debo ser un buen representante de mí y de lo que hago. Manejar la ambición de manera positiva, entender cada etapa como parte de un proceso y no enceguecerme frente a éxitos momentáneos.
Hay que ser cuidadoso, no parecer frío ni calculista, ni serlo tampoco. Es solo ser practico, ser dueño de uno mismo y establecer una ruta de acuerdo a aquello que nos mueve como personas. Es por esto que digo que va de la mano con la honestidad, no solo con uno, sino que con el resto.
Y próximamente me juego varias fichas y ya me estoy preparando para seguir sendo el protagonista de mi vida y no sólo un artista invitado.
Pero no es así. Soy ambicioso, soy seguro y tengo metas altas, me la juego por lo que quiero y logro entrar en la lógica del mercado para manejarme en este y no que este me maneje.
En ese sentido, y de manera complementaria al concepto de honestidad que he tratado de imprimir a mi actuar, he decidido convertirme en un producto. Pero un producto manejado por mi, para mi beneficio. ¿De qué se trata?
El punto es que laboralmente uno es un insumo, o una materia prima, o un medio que tiene la empresa para lograr sus cometidos y objetivos. En ese sentido, cuando uno está postulando a un trabajo, ellos disponen de diferentes candidatos entre los cuales elegir. Esa decisión final va ir asociada a la calidad del candidato, al costo de este y otros beneficios asociados que se puedan obtener a través de esa persona. En la idea antigua, el empleado (sin importar el rango de su cargo) debía preocuparse de mantener el trabajo, de ser siempre la mejor opción y evitar que su empleador optará por reemplazarlo.
Bueno, el concepto moderno, más actual, da una vuelta de tuerca a esta idea. La mayor preparación de los profesionales, la globalización de las empresas y la mayor importancia que va adquiriendo la calidad de vida para las personas, han hecho que ahora ese empleado no trate siempre de ser él quien se preocupe de mantener el empleo, sino que ahora es la empresa la que se debe preocupar de mantener a sus empleados.
Esto debido a que no es solo el sueldo o la posición la que interesa ahora. Los beneficios no monetarios, el ambiente de trabajo, las condiciones particulares de cada firma, hacen que un empleado opte por un lugar u otro. No es raro encontrarse con gente que ha dejado un trabajo estable, que ofrece muchas garantías a futuro, por otro donde a lo mejor deberá esforzarse más o incluso partir de cero, pero que le genera beneficios no siempre cuantificables pero sí considerables en su interior.
Volviendo a lo que planteé al principio, yo quiero manejar mi ambición no de una manera desesperada y algo salvaje, sino que de una manera inteligente, pausada y decidida. El lugar donde trabajo merece mi mayor lealtad y esfuerzo. Yo no solo trabajo con ellos de lunes a viernes de 8 a 6, yo soy parte de la empresa todo el tiempo, soy un embajador en cierta forma de mis jefes y tengo un compromiso real o tácito con el desarrollo y futuro de mi lugar de trabajo.
Pero ese compromiso tiene su costo, implica que la empresa debe compensarme por eso, evaluar la conveniencia de asegurarme ciertas condiciones de trabajo y a la larga mantenerme contento. Pero no como un capricho mío lleno de peticiones absurdas, sino que contento como profesional, como si fuera un proveedor o un cliente que se relaciona de igual a igual con la empresa.
También en este sentido cuando me toca ser un embajador de la empresa lo soy a la vez de mí mismo. Al presentar una imagen coherente con lo que soy y lo que represento, no sólo logro que la empresa quede bien y potencialmente mejore su negocio, sino que soy yo quien genera una imagen fortalecida, de confianza, ya que ofrezco lo que soy, ofrezco un compromiso con aquello que vendo, presento un producto y me presento a mi como parte de un todo.
Es esa vitrina la que debo aprovechar, pero de manera inteligente, no cayendo en un lucimiento personal, sino que a través de una imagen sólida. Hay muchas cosas que no pasan por mí en el trabajo, pero eso no le interesa a un cliente, a ellos les interesa que el producto o el servicio que se les ofrezca sea bueno, sea lo que ellos esperaban y esté ahí cuando ellos lo necesiten. Y en ese sentido presentar una imagen sólida de mi como profesional, va de la mano de representar bien a la empresa donde trabajo. Es una simbiosis que a mi modo de ver debe generar beneficios para todos los participantes del cuento.
Yendo a lo concreto, con esto busco aprovechar ciertas reuniones, seminarios, charlas, etc, para demostrar que soy capaz de manejar bien esto y más. De cierta manera me pongo en el mercado, pero no para buscar trabajo, sino para que el trabajo me busque a mí.
Alguna vez les dije a mis padres que mi próximo trabajo llegará a mí, ellos me buscarán y me levantarán, que espero no ser yo quien deba salir a golpear puertas nuevamente. Para eso debo ser un buen representante de mí y de lo que hago. Manejar la ambición de manera positiva, entender cada etapa como parte de un proceso y no enceguecerme frente a éxitos momentáneos.
Hay que ser cuidadoso, no parecer frío ni calculista, ni serlo tampoco. Es solo ser practico, ser dueño de uno mismo y establecer una ruta de acuerdo a aquello que nos mueve como personas. Es por esto que digo que va de la mano con la honestidad, no solo con uno, sino que con el resto.
Y próximamente me juego varias fichas y ya me estoy preparando para seguir sendo el protagonista de mi vida y no sólo un artista invitado.