miércoles, febrero 28, 2007
Barcelona
Un buen amigo me dijo que estoy enamorado de Barcelona.
Que cuando digo que es una ciudad que me gusta tanto que me llega a angustiar, expreso el mismo sentimiento que se tiene con respecto al amor.
Mi madre también entendió porque esa ciudad me hace sentir cómodo.
Porque ese es el punto, no es que me fascine por ser tan cosmopolita, ni por el mar y el arte, o por la gente, o la tolerancia, o lo que sea. Ahí al final lo que siento es pertenencia. No total, porque mi arraigo no ha encontrado un tierra donde instalarse. Pero al menos me permite caminar con una sonrisa en mi cara.
Y eso es al final del día lo que quiero.
El otro día conversaba con otro amigo. No estábamos borrachos debo aclarar. Solo una tarde de domingo con media copa de vino tomada, de caballeros. Y a pito de nada, o más bien a pito del mundo laboral, él me dice: lo importante es ser feliz. Claro, ahí es cuando ya no importa el sueldo, ni el CV, ni el status, ni nada. Cuando uno logra ser feliz logra verle el lado amable al trabajo, encarar los problemas como desafíos y oportunidades y avanzar.
Es eso lo que espero ahora, avanzar de la mano de una fantasía. Una vida que va pasando muy rápido y a la que tengo que ponerle mi sello, antes de que pase de largo ya sellada.
Que cuando digo que es una ciudad que me gusta tanto que me llega a angustiar, expreso el mismo sentimiento que se tiene con respecto al amor.
Mi madre también entendió porque esa ciudad me hace sentir cómodo.
Porque ese es el punto, no es que me fascine por ser tan cosmopolita, ni por el mar y el arte, o por la gente, o la tolerancia, o lo que sea. Ahí al final lo que siento es pertenencia. No total, porque mi arraigo no ha encontrado un tierra donde instalarse. Pero al menos me permite caminar con una sonrisa en mi cara.
Y eso es al final del día lo que quiero.
El otro día conversaba con otro amigo. No estábamos borrachos debo aclarar. Solo una tarde de domingo con media copa de vino tomada, de caballeros. Y a pito de nada, o más bien a pito del mundo laboral, él me dice: lo importante es ser feliz. Claro, ahí es cuando ya no importa el sueldo, ni el CV, ni el status, ni nada. Cuando uno logra ser feliz logra verle el lado amable al trabajo, encarar los problemas como desafíos y oportunidades y avanzar.
Es eso lo que espero ahora, avanzar de la mano de una fantasía. Una vida que va pasando muy rápido y a la que tengo que ponerle mi sello, antes de que pase de largo ya sellada.