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miércoles, febrero 07, 2007

 

Paris

Paris es una ciudad que me encanta. Desde el primer momento que la vi, incluso creo que desde antes de conocerla.
Es majestuosa, se siente la grandeza en todas sus calles, es una mezcla de historia, modernidad y bohemia.
Tiene rincones realmente delicados, casi escondidos, reservados solo para algunos afortunados, que ya sea por una búsqueda personal o por simple coincidencia, llegan ahí.
Hay historia en el aire, en todas las calles. Grandes palacios, construcciones apoteósicas, elegancia y sobriedad.
Es una ciudad, en definitiva, para caminársela. Es amable con el caminante, lo premia con diferentes sorpresas y le permite ir a su propio tiempo.
Los Campos Elíseos, desde su inicio junto al Louvre a su fin en el Arco de la Defensa, o al revés, es una buena forma de recorrer esta ciudad y encontrase con muchas de sus diferencias y contradicciones. En un extremo un parque, entre medio grandes y lujosas tiendas y restaurantes, luego un sector más comercial e incluso residencial, al final algo más de modernidad, y como cierre una vista de todo lo recorrido y todo lo que hay más allá, que hace que valgan la pena las largas horas de caminata.
Pero no hay apuro, en Paris el tiempo es de cada uno. Entonces se puede caminar y parar a descansar junto a un café y un buen libro, o en una banca con un cigarro, o millones de alternativas que permiten tomarse esta calle o Paris completo, a gusto del consumidor.
Todo lo anterior es solo un ejemplo, existen dos o tres lugares más que para mi son impagables dentro de la ciudad luz, pero esos quedarán para una próxima vez, ya que debo mantener ciertos secretos y no ser tan libro abierto. O fácil, que es peor.
Por el momento, sólo les digo, conozcan Paris, disfrútenla y vívanla como a ustedes les nazca. Nada más.

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