miércoles, junio 04, 2008
Carlos Bombal
Después de pensarlo un tiempo he llegado a la conclusión de que Carlos Bombal no existe. En el mundo de la política claro, no soy nadie para ningunear la existencia de una persona en la vida real. Pero si en un mundo ficticio como es el de la política. Esto ya que en la actualidad no es más que un recuerdo, y en el pasado una persona caracterizada básicamente por su funcionalidad.
Al remontarnos a sus primeras intervenciones en el quehacer público nos encontramos con él como alcalde de la comuna de Santiago hacia el ocaso de la era pinochetista. Luego pasando la prueba de la blancura democrática es elegido diputado por ese mismo distrito. Hasta ese momento era digno heredero del régimen, con un toque moderno y noventeramente frívolo en su look. Contaba con el respaldo de los duros, era del gusto de las damas más conservadoras, a su vez que atractivo para el electorado más joven e impresionable.
Apoyándose entonces en esa popularidad, y frente a la necesidad de la UDI de empezar a cimentar su despegue electoral y dominio aliancista, acepta dejar Santiago centro en dirección al oriente. Ahí RN y la UDI disputarían el cupo de la Matthei quien venia saliendo recién del escandaloso Piñeragate. La opción de la derrota era impensable y en ese sentido cualquiera de las dos opciones de triunfo eran beneficiosas para los gremialistas. Si le ganaba a Allamand el derrotado seria la cabeza de RN y si salían elegidos a los dos dejaban fuera a la Concertación de ese distrito y hacían un pequeño homenaje al maquiavélico sistema binomial de su fundador Jaime Guzmán. Ganaron ambos y lo holgado de estos triunfos permitió evitar batallas muy duras o derrotas humillantes entre socios, aunque el desfile de millones fue francamente ofensivo.
Las segundas partes rara vez son buenas y esta no fue la excepción. Cuatro años después ambos personajes aspiran al siguiente nivel, ser senadores. Una agrandada UDI necesita de un buen triunfo no sólo acá sino que a nivel nacional para consolidarse, aunque sea a costa de quedarse con el cupo que deja Piñera, que en teoría RN espera retener, y de derrotar al leal pero desconfiable Allamand. Ambos candidatos derrocharon casi tantos millones como en una elección presidencial, un juego morboso que los hizo prácticamente olvidarse de sus contendores y dedicarse a desangrase mutuamente. Resultado final, Bombal se impone.
Un correcto desempeño en el Senado y una figura con buen potencial electoral en su circunscripción hace pensar que la reelección sería el siguiente paso lógico. Pero no. El funcional Carlos debe dejar el cupo a Pablo Longueira y como premio de consuelo le entregan la ambiciosa misión de romper con el doblaje de la Concertación en la octava región. Nadie se puede enojar si te echan de un lugar con un lindo regalo, un regalo tan intangible como un voto de confianza. Si esta zona ya era difícil para la derecha a secas, más difícil le es para un derechista y afuerino, y Bombal en la practica no era de ahí. Da igual que establezcan una dirección para demostrar que viven en la región, eso no los hace jugar de local y con eso ya dan un excelente argumento para atacarlo de entrada. Eso y su escasa conexión con el electorado hicieron que por primera vez en democracia Carlos Bombal sufriera una derrota, y la UDI tuviera que lamentar la perdida en silencio de uno de sus mas leales colaboradores. En silencio porque la consigna era celebrar los triunfos de Matthei, Chadwick, Longueira, Novoa y otros lideres gremialista, y con la discreción que los caracteriza solidarizaron con el dolor de Bombal, pero no le dieron gran importancia, pública al menos.
Pero el hombre, ya lo dijimos, es funcional y leal. Y el partido lo necesita, y el está disponible, aunque sea más bien un comodín en el póker de la negociación electoral. Cuando un rebelde De la Maza liberado de su pasado lavinista y habiendo roto los pocos lazos que tenia con la UDI, plantea que será si o si candidato y al ver que si de verdad cumpliera su amenaza derrotaría a cualquier candidato por Las Condes, el partido decide sacar el nombre de Bombal. Personaje muy alineado con lo que al electorado de Las Condes le gusta. Ya fue su diputado y Senador, ya ha sido alcalde y, lo mejor de todo, no caerá en mediáticas excentricidades que tanto le cansan a la gente bien. La verdad no sé si Bombal quería ser alcalde, si la UDI alguna vez pensó seriamente en candidatearlo o que, como fuera su nombre ahí estaba para lo que fuera necesario. Vocación política tiene el hombre de seguro, vocación pública no se que tanta porque lealtad con sus electores tiene poca al cambiarse tanto de zona. Es de esas personas que son más leales con su partido que con el pueblo. Y eso sin ser bueno ni malo, es un factor a tener en cuenta.
Para terminar, explicaré el origen de mi especial sarcasmo en esta columna dedicada a Carlos Bombal. Corría el tiempo de la elección senatorial por Santiago poniente, año 97, yo viviendo mis últimos minutos de católico llegaba tarde a misa, de seguro porque ahí tendría que juntarme con mi familia para hacer algo después. Sin vergüenza llegaba tarde, y sin vergüenza tampoco llegaba también tarde el protagonista de estas líneas, directo a pararse en el pasillo central de la iglesia, al final, en el momento exacto en que se abren las puertas, la misa ha terminado y todos los feligreses al darse vuelta para marchar, lo ven a él, perfectamente vestido, perfectamente peinado y perfectamente dispuesto a saludar a todo aquel que quisiera y pudiera darle su voto, claro está, con la mejor de sus sonrisas. A mi me gusta la política como una actividad que busca defender ideas por el bien común y que apoyen la dignidad del hombre. No para estos lamentables espectáculos.Que será de Bombal ahora es algo difícil de saber, ministro en un potencial gobierno de la Alianza, candidato al senado por alguna región del país que requiera de su presencia, perdón donde la UDI lo requiera. O a lo mejor ya cumplió, se privatizó y se retiró de la actividad. Como sea, espero que utilice todas sus herramientas y ese servilismo en aportar y ayudar la pueblo. Es una causa más noble y perdurable señor Bombal.
Al remontarnos a sus primeras intervenciones en el quehacer público nos encontramos con él como alcalde de la comuna de Santiago hacia el ocaso de la era pinochetista. Luego pasando la prueba de la blancura democrática es elegido diputado por ese mismo distrito. Hasta ese momento era digno heredero del régimen, con un toque moderno y noventeramente frívolo en su look. Contaba con el respaldo de los duros, era del gusto de las damas más conservadoras, a su vez que atractivo para el electorado más joven e impresionable.
Apoyándose entonces en esa popularidad, y frente a la necesidad de la UDI de empezar a cimentar su despegue electoral y dominio aliancista, acepta dejar Santiago centro en dirección al oriente. Ahí RN y la UDI disputarían el cupo de la Matthei quien venia saliendo recién del escandaloso Piñeragate. La opción de la derrota era impensable y en ese sentido cualquiera de las dos opciones de triunfo eran beneficiosas para los gremialistas. Si le ganaba a Allamand el derrotado seria la cabeza de RN y si salían elegidos a los dos dejaban fuera a la Concertación de ese distrito y hacían un pequeño homenaje al maquiavélico sistema binomial de su fundador Jaime Guzmán. Ganaron ambos y lo holgado de estos triunfos permitió evitar batallas muy duras o derrotas humillantes entre socios, aunque el desfile de millones fue francamente ofensivo.
Las segundas partes rara vez son buenas y esta no fue la excepción. Cuatro años después ambos personajes aspiran al siguiente nivel, ser senadores. Una agrandada UDI necesita de un buen triunfo no sólo acá sino que a nivel nacional para consolidarse, aunque sea a costa de quedarse con el cupo que deja Piñera, que en teoría RN espera retener, y de derrotar al leal pero desconfiable Allamand. Ambos candidatos derrocharon casi tantos millones como en una elección presidencial, un juego morboso que los hizo prácticamente olvidarse de sus contendores y dedicarse a desangrase mutuamente. Resultado final, Bombal se impone.
Un correcto desempeño en el Senado y una figura con buen potencial electoral en su circunscripción hace pensar que la reelección sería el siguiente paso lógico. Pero no. El funcional Carlos debe dejar el cupo a Pablo Longueira y como premio de consuelo le entregan la ambiciosa misión de romper con el doblaje de la Concertación en la octava región. Nadie se puede enojar si te echan de un lugar con un lindo regalo, un regalo tan intangible como un voto de confianza. Si esta zona ya era difícil para la derecha a secas, más difícil le es para un derechista y afuerino, y Bombal en la practica no era de ahí. Da igual que establezcan una dirección para demostrar que viven en la región, eso no los hace jugar de local y con eso ya dan un excelente argumento para atacarlo de entrada. Eso y su escasa conexión con el electorado hicieron que por primera vez en democracia Carlos Bombal sufriera una derrota, y la UDI tuviera que lamentar la perdida en silencio de uno de sus mas leales colaboradores. En silencio porque la consigna era celebrar los triunfos de Matthei, Chadwick, Longueira, Novoa y otros lideres gremialista, y con la discreción que los caracteriza solidarizaron con el dolor de Bombal, pero no le dieron gran importancia, pública al menos.
Pero el hombre, ya lo dijimos, es funcional y leal. Y el partido lo necesita, y el está disponible, aunque sea más bien un comodín en el póker de la negociación electoral. Cuando un rebelde De la Maza liberado de su pasado lavinista y habiendo roto los pocos lazos que tenia con la UDI, plantea que será si o si candidato y al ver que si de verdad cumpliera su amenaza derrotaría a cualquier candidato por Las Condes, el partido decide sacar el nombre de Bombal. Personaje muy alineado con lo que al electorado de Las Condes le gusta. Ya fue su diputado y Senador, ya ha sido alcalde y, lo mejor de todo, no caerá en mediáticas excentricidades que tanto le cansan a la gente bien. La verdad no sé si Bombal quería ser alcalde, si la UDI alguna vez pensó seriamente en candidatearlo o que, como fuera su nombre ahí estaba para lo que fuera necesario. Vocación política tiene el hombre de seguro, vocación pública no se que tanta porque lealtad con sus electores tiene poca al cambiarse tanto de zona. Es de esas personas que son más leales con su partido que con el pueblo. Y eso sin ser bueno ni malo, es un factor a tener en cuenta.
Para terminar, explicaré el origen de mi especial sarcasmo en esta columna dedicada a Carlos Bombal. Corría el tiempo de la elección senatorial por Santiago poniente, año 97, yo viviendo mis últimos minutos de católico llegaba tarde a misa, de seguro porque ahí tendría que juntarme con mi familia para hacer algo después. Sin vergüenza llegaba tarde, y sin vergüenza tampoco llegaba también tarde el protagonista de estas líneas, directo a pararse en el pasillo central de la iglesia, al final, en el momento exacto en que se abren las puertas, la misa ha terminado y todos los feligreses al darse vuelta para marchar, lo ven a él, perfectamente vestido, perfectamente peinado y perfectamente dispuesto a saludar a todo aquel que quisiera y pudiera darle su voto, claro está, con la mejor de sus sonrisas. A mi me gusta la política como una actividad que busca defender ideas por el bien común y que apoyen la dignidad del hombre. No para estos lamentables espectáculos.Que será de Bombal ahora es algo difícil de saber, ministro en un potencial gobierno de la Alianza, candidato al senado por alguna región del país que requiera de su presencia, perdón donde la UDI lo requiera. O a lo mejor ya cumplió, se privatizó y se retiró de la actividad. Como sea, espero que utilice todas sus herramientas y ese servilismo en aportar y ayudar la pueblo. Es una causa más noble y perdurable señor Bombal.