martes, julio 01, 2008
Belisario Velasco
Paradojalmente su peor periodo político coincide con su resurrección como figura pública. Para algunos Bachelet lo basureo, para mi lo resucitó.
Figura emblemática de los primeros días de la recuperación de la democracia y pilar de la primera década de administración gubernamental por parte de la Concertación, este político es un fiel representante de esa segunda línea de trabajo que ha estado permanentemente ligado a la dirigencia nacional y partidista. Luego de ser subsecretario de Interior durante el gobierno de Aylwin y Frei, desapareció del lado más visible aceptando la representación chilena en la Embajada en Portugal. A su regreso un fallido rol como coordinador de la campaña municipal durante el período de Adolfo Zaldívar y finalmente su reaparición con todo como ministro del Interior del actual gobierno. Cargo del que salio por la casi nula sintonía con la presidenta y falta del liderazgo necesario para ejercer como jefe de gabinete. Esa es su trayectoria pública desde el regreso a la democracia.
Pero Velasco tiene una trayectoria más larga ligada a la política nacional, lo que le ha valido ser respetado y valorado por círculos de izquierda dentro de la Concertación. Un dato interesante es constatar su amistad con Fidel Castro y ver como coherentemente con esto nunca ha condenado la falta de democracia en ese país. En lo anterior y en su lucha por los Derechos Humanos está el origen del respaldo con que cuenta por parte del ala progresista de la coalición de gobierno.
También es posible juzgarlo por su actuar como subsecretario, siendo su sello más claro el manejo de la seguridad pública. En esto, contrario a lo que algunos podrían pensar, es inusualmente duro y eficiente en sus resultados. Pragmático, práctico y firme, no ha dudado en usar mano dura y toda la legalidad vigente cuando la situación lo ha ameritado. De hecho es este el rasgo con el que más identificaba yo a este personaje. Lo veía como aquel hombre tras el poder que hacia el trabajo sucio, políticamente incorrecto, pero necesario para mantener todo bajo control. Lo encontraba turbio y poco confiable, de aquella lista de segundones que son más bien funcionales, totalmente carente de carisma.
Pero me equivoque. Claro que de mi error sólo me vine a dar cuenta en su paso como jefe de gabinete de Bachelet. Antes lo vi como parte de la maquinaria concertacionista, de esos que al salir de un cargo importante lo hacen a una embajada como acto de desagravio y pseudo vacaciones pagadas por todos nosotros. Además a su regreso se convierte en la mano derecha del colorín para una campaña muy emblemática como la municipal del 2004, donde no sólo se evaluaba el apoyo a Lagos sino que además el trabajo político de Zaldívar. En ese momento, como es fácil y lógico, lo vi cercano al presidente de su partido y por ende cercano al grupo más derechista y frío de la DC. Su alejamiento de ese cargo por rencillas políticas que no vienen a lugar, prendió mi primera alarma de alerta, de que a lo mejor me estaba equivocando.
Cuando asume como ministro del Interior me termino de dar cuenta de que es un hombre más de consenso, con una trayectoria política y personal mucho más rica y capacidades que iban más allá de un oscuro segundo lugar. Sin destacar como ministro creo que cumplió un muy buen rol, su falta de ambición permitió a su vez tener un ministro con una visión más amplia que la coyuntura actual. Esa falta de ambición jugó en contra al momento de ejercer un mayor liderazgo político dentro del equipo y por ende no fue capaz de contrarrestar la falta de experiencia de la Presidenta. Lo anterior y el manifiesto poco apoyo de esta determinó una salida sangrante del gobierno. Sangrando el por la herida personal, de un fracaso en su curriculum. Y sangrando el gobierno al haber sido incapaz de tener un buen ministro, retenerlo o al menos dejarlo ir de una manera más digna.
Actualmente y aprovechando el segundo aire que le dio toda esta experiencia, se encuentra ejerciendo de aglutinador político dentro de la DC. Sinceramente creo que podría haber sido presidente del partido y lo habría hecho muy bien, ya que un presidente de partido se debe identificar con los ideales de este pero no tener aspiraciones presidenciales que contaminen su ejercicio. Pero el aparecer compitiendo con Alvear podría ser visto como una pasada de cuenta contra el gobierno y una innecesaria nueva disputa que divida al partido. Si el candidato alvearista hubiera sido cualquier otro diferente a la senadora, habría sido una competencia más útil e interesante de ver. Luego de eso se ha acercado a Frei, con quien se encuentra aunando fuerzas al interior del partido que no se sientan representados por la actual directiva. Eso me parece válido y necesario, es fundamental que en la DC haya diversos matices y que las tendencias sean fuertes y claras de manera de potenciar el factor pluralista del partido. Lo que si me parece un acto innecesario es jugar la ficha Frei como candidato presidencial, ese es más bien un acto para no darle la nominación en bandeja de plata a Alvear y demostrarle la molestia de los grupos que se han sentido desplazados. Ejercicio que por lo demás no tendrá un resultado exitoso en cuanto a conseguir la nominación y sólo mermará las pasibilidades de la más legitima candidata demócrata cristiana.
Pero volviendo a Belisario creo que tiene muchas posibilidades y opciones en su futuro político. Se puede decir que no es joven, pero esa obsesión con rejuvenecer todo nunca ha ido conmigo y mientras la gente esté lucida y en condiciones de aportar creo que deberían seguir siempre activos. Entonces quizás esperar una nueva renovación de la directiva de su partido, integrándose a la mesa ya sea como presidente o en otro cargo, esto sin importar quien sea el presidente de la república o el resultado en las elecciones que se nos vienen los próximos dos años. Otra opción es capitalizar el apoyo político que tiene y arriesgarse el mismo como candidato. Me gustaría que más figuras emblemáticas, tanto de la DC como de la política nacional, postularan a los cargos de representación popular y no se quedaran en el limbo de la dirigencia. Alguna municipalidad seria ideal para disfrutar de su experiencia, de diputado reforzaría a la mermada bancada DC o como senador podría ser de ese grupo de personas que darían estabilidad y criterio a la camara alta.Sea cual sea el camino que elija, creo que Belisario Velasco ya se ha ganado un espacio en la historia democrática de nuestro país y está en sus manos trascender de manera positiva y no como un mero dato de la causa.
Figura emblemática de los primeros días de la recuperación de la democracia y pilar de la primera década de administración gubernamental por parte de la Concertación, este político es un fiel representante de esa segunda línea de trabajo que ha estado permanentemente ligado a la dirigencia nacional y partidista. Luego de ser subsecretario de Interior durante el gobierno de Aylwin y Frei, desapareció del lado más visible aceptando la representación chilena en la Embajada en Portugal. A su regreso un fallido rol como coordinador de la campaña municipal durante el período de Adolfo Zaldívar y finalmente su reaparición con todo como ministro del Interior del actual gobierno. Cargo del que salio por la casi nula sintonía con la presidenta y falta del liderazgo necesario para ejercer como jefe de gabinete. Esa es su trayectoria pública desde el regreso a la democracia.
Pero Velasco tiene una trayectoria más larga ligada a la política nacional, lo que le ha valido ser respetado y valorado por círculos de izquierda dentro de la Concertación. Un dato interesante es constatar su amistad con Fidel Castro y ver como coherentemente con esto nunca ha condenado la falta de democracia en ese país. En lo anterior y en su lucha por los Derechos Humanos está el origen del respaldo con que cuenta por parte del ala progresista de la coalición de gobierno.
También es posible juzgarlo por su actuar como subsecretario, siendo su sello más claro el manejo de la seguridad pública. En esto, contrario a lo que algunos podrían pensar, es inusualmente duro y eficiente en sus resultados. Pragmático, práctico y firme, no ha dudado en usar mano dura y toda la legalidad vigente cuando la situación lo ha ameritado. De hecho es este el rasgo con el que más identificaba yo a este personaje. Lo veía como aquel hombre tras el poder que hacia el trabajo sucio, políticamente incorrecto, pero necesario para mantener todo bajo control. Lo encontraba turbio y poco confiable, de aquella lista de segundones que son más bien funcionales, totalmente carente de carisma.
Pero me equivoque. Claro que de mi error sólo me vine a dar cuenta en su paso como jefe de gabinete de Bachelet. Antes lo vi como parte de la maquinaria concertacionista, de esos que al salir de un cargo importante lo hacen a una embajada como acto de desagravio y pseudo vacaciones pagadas por todos nosotros. Además a su regreso se convierte en la mano derecha del colorín para una campaña muy emblemática como la municipal del 2004, donde no sólo se evaluaba el apoyo a Lagos sino que además el trabajo político de Zaldívar. En ese momento, como es fácil y lógico, lo vi cercano al presidente de su partido y por ende cercano al grupo más derechista y frío de la DC. Su alejamiento de ese cargo por rencillas políticas que no vienen a lugar, prendió mi primera alarma de alerta, de que a lo mejor me estaba equivocando.
Cuando asume como ministro del Interior me termino de dar cuenta de que es un hombre más de consenso, con una trayectoria política y personal mucho más rica y capacidades que iban más allá de un oscuro segundo lugar. Sin destacar como ministro creo que cumplió un muy buen rol, su falta de ambición permitió a su vez tener un ministro con una visión más amplia que la coyuntura actual. Esa falta de ambición jugó en contra al momento de ejercer un mayor liderazgo político dentro del equipo y por ende no fue capaz de contrarrestar la falta de experiencia de la Presidenta. Lo anterior y el manifiesto poco apoyo de esta determinó una salida sangrante del gobierno. Sangrando el por la herida personal, de un fracaso en su curriculum. Y sangrando el gobierno al haber sido incapaz de tener un buen ministro, retenerlo o al menos dejarlo ir de una manera más digna.
Actualmente y aprovechando el segundo aire que le dio toda esta experiencia, se encuentra ejerciendo de aglutinador político dentro de la DC. Sinceramente creo que podría haber sido presidente del partido y lo habría hecho muy bien, ya que un presidente de partido se debe identificar con los ideales de este pero no tener aspiraciones presidenciales que contaminen su ejercicio. Pero el aparecer compitiendo con Alvear podría ser visto como una pasada de cuenta contra el gobierno y una innecesaria nueva disputa que divida al partido. Si el candidato alvearista hubiera sido cualquier otro diferente a la senadora, habría sido una competencia más útil e interesante de ver. Luego de eso se ha acercado a Frei, con quien se encuentra aunando fuerzas al interior del partido que no se sientan representados por la actual directiva. Eso me parece válido y necesario, es fundamental que en la DC haya diversos matices y que las tendencias sean fuertes y claras de manera de potenciar el factor pluralista del partido. Lo que si me parece un acto innecesario es jugar la ficha Frei como candidato presidencial, ese es más bien un acto para no darle la nominación en bandeja de plata a Alvear y demostrarle la molestia de los grupos que se han sentido desplazados. Ejercicio que por lo demás no tendrá un resultado exitoso en cuanto a conseguir la nominación y sólo mermará las pasibilidades de la más legitima candidata demócrata cristiana.
Pero volviendo a Belisario creo que tiene muchas posibilidades y opciones en su futuro político. Se puede decir que no es joven, pero esa obsesión con rejuvenecer todo nunca ha ido conmigo y mientras la gente esté lucida y en condiciones de aportar creo que deberían seguir siempre activos. Entonces quizás esperar una nueva renovación de la directiva de su partido, integrándose a la mesa ya sea como presidente o en otro cargo, esto sin importar quien sea el presidente de la república o el resultado en las elecciones que se nos vienen los próximos dos años. Otra opción es capitalizar el apoyo político que tiene y arriesgarse el mismo como candidato. Me gustaría que más figuras emblemáticas, tanto de la DC como de la política nacional, postularan a los cargos de representación popular y no se quedaran en el limbo de la dirigencia. Alguna municipalidad seria ideal para disfrutar de su experiencia, de diputado reforzaría a la mermada bancada DC o como senador podría ser de ese grupo de personas que darían estabilidad y criterio a la camara alta.Sea cual sea el camino que elija, creo que Belisario Velasco ya se ha ganado un espacio en la historia democrática de nuestro país y está en sus manos trascender de manera positiva y no como un mero dato de la causa.