martes, julio 01, 2008
Camilo Escalona
Creo sinceramente que él y yo somos líneas paralelas, vale decir, nunca tendremos puntos de coincidencia que nos crucen. Aunque en estricto rigor si han habido cruces, conceptos, momentos que han hecho que apuntemos para un mismo lado pero desde nuestra propia perspectiva.
Desde un principio he visto a Escalona como un político de tomo y lomo, que vive política, respira política y en el fondo se define a través de ella. También lo he visto como un socialista a la antigua y que por ende tiene conflictos al momento de tener que interactuar con el sistema y el poder central. Su alma es del pueblo y desde ahí quisiera trabajar. Sin embargo, sus decisiones lo han llevado a formar parte de las elites gobernantes y por ende a dejar en un segundo plano los ideales políticos que lo movieron en un principio.
Claro, porque no se puede ser gobierno y oposición a la vez. No se puede encabezar un partido, sustentar una coalición y respaldar al presidente, y a la vez criticar todo lo establecido incitando a la revolución de masas. Ganas no le han faltado, episodios donde salé su esencia izquierdista más pura tampoco.
Debo reconocer que un principio como diputado no le encontraba mayor talento. Formaba parte de la pluralidad de parlamentarios que iba formando el congreso de la nueva democracia. Un parlamento donde nadie sobraba (a lo mejor los designados) y por ende donde cada asiento era ocupado por un protagonista del futuro. Mientras que a nivel dirigencial, al interior del PS, si era un hombre que destacaba, que avanzaba con fuerza encabezando tendencias internas y siguiendo paso a paso y con paciencia el camino al liderato.
Así es como pese a una fallida elección como senador por la Región Metropolitana poniente, no tuvo problema en volver atrás, retomar el camino y pacientemente esperar su oportunidad. Lo que para algunos habría sido humillante, como es ser relegado a un cargo poco relevante y de poco fogueo político, el lo tomó como su propia travesía en el desierto al estilo socialista. Es decir sin grandes viajes a grandes universidades en el extranjero, sino que trabajando disciplinadamente en el aparato estatal.
Pero vendría su revancha, su ascenso en la cúpula socialista, su regreso al parlamento como diputado y su época de gloria. Época que no sólo está marcada por su llegada al Senado, sino por conseguir que una persona de gran cercanía ideológica e histórica a él llegara a ser la primera Presidenta de Chile. En ese momento Escalona se sintió más cerca del poder y de sus metas, vivió a través de ella el cumplimiento de un sueño socialista y realmente popular entrando a La Moneda.
Un paréntesis antes de seguir. Lamentablemente, este personaje también ha caído en esa inevitable tentación de pasearse por diferentes zonas del país como candidato. Así es como habiendo sido diputado de un distrito de la Región Metropolitana, y luego de su primera aspiración al Senado, reaparece como candidato a diputado por Lota, donde es electo. Luego en su segunda y exitosa incursión a la camara alta lo hace por la Décima Región Sur, triunfando nuevamente y metiéndose al bolsillo las ideas de regionalismo donde las regiones eligen sus representantes ante la sede del poder central. En fin, lamentable.
Retomando, para Camilo Escalona tener a su amiga y compañera Bachelet en el máximo cargo de representación popular del país no ha sido todo lo agradable que el hubiera querido. Esto porque por un lado ha tenido que hacerse cargo personalmente del blindaje de esta en el Parlamento y al interior de su propio partido. En el primer lugar defendiendo leyes e iniciativas emblemáticas de la Presidenta, pero que no necesariamente lo representaban a él a cabalidad. Luego en su partido donde existen variados grupos, siendo los más radicales bastante críticos con el modelo económico – social desarrollado por el ejecutivo. Su actitud un tanto soberbia y poco dialogante también le han pasado la cuenta y ha debido gastar mucho tiempo en defenderse. Es así como se ha desdibujado al líder socialista y se ha convertido en un arquero atrapa goles, que está tan cansado que al final le pasan alguno por agotamiento.
Recientemente ratificado en la dirección de su partido, busca lograr a través de esto y de la próxima elección municipal dar un espaldarazo final a quien fuera su candidata y con la que tiene una responsabilidad de lealtad muy grande. Ya con ella fuera de La Moneda podrá relajarse y ser el francotirador que siempre le ha acomodado más ser.
Siempre y cuando su idea de levantar a Insulza no resulte. Pero aunque resulte y este sea el próximo Presidente de la República, su nivel de compromiso disminuirá, además tendríamos a un primer mandatario más fogueado y con menor necesidad de ser blindado. Amigo de los acuerdos, criado en la política y por ende, desde el punto de vista del manejo no necesita que Escalona le cuide las espaldas.
El futuro entonces de Escalona por dónde va. A lo mejor tomar un respiro luego que acabe el actual gobierno, dedicándose a su labor parlamentaria, dejando la presidencia del PS y quedando en una cómoda segunda línea por un tiempo. Ministro en un gobierno de la Concertación no sería, su reelección está a cuatro años aún, por lo que asumir compromisos eleccionarios no está en su futuro cercano. Creo que debería relajarse y volver a las bases, preparar a los lideres de su partido para el futuro, recorrer el país y las poblaciones, recuperar el espacio entre el pueblo que le arrebato la UDI hace 10 años, y resurgir con el apoyo popular, para reoxigenar a la Concertación y a su propia vocación política.
Desde un principio he visto a Escalona como un político de tomo y lomo, que vive política, respira política y en el fondo se define a través de ella. También lo he visto como un socialista a la antigua y que por ende tiene conflictos al momento de tener que interactuar con el sistema y el poder central. Su alma es del pueblo y desde ahí quisiera trabajar. Sin embargo, sus decisiones lo han llevado a formar parte de las elites gobernantes y por ende a dejar en un segundo plano los ideales políticos que lo movieron en un principio.
Claro, porque no se puede ser gobierno y oposición a la vez. No se puede encabezar un partido, sustentar una coalición y respaldar al presidente, y a la vez criticar todo lo establecido incitando a la revolución de masas. Ganas no le han faltado, episodios donde salé su esencia izquierdista más pura tampoco.
Debo reconocer que un principio como diputado no le encontraba mayor talento. Formaba parte de la pluralidad de parlamentarios que iba formando el congreso de la nueva democracia. Un parlamento donde nadie sobraba (a lo mejor los designados) y por ende donde cada asiento era ocupado por un protagonista del futuro. Mientras que a nivel dirigencial, al interior del PS, si era un hombre que destacaba, que avanzaba con fuerza encabezando tendencias internas y siguiendo paso a paso y con paciencia el camino al liderato.
Así es como pese a una fallida elección como senador por la Región Metropolitana poniente, no tuvo problema en volver atrás, retomar el camino y pacientemente esperar su oportunidad. Lo que para algunos habría sido humillante, como es ser relegado a un cargo poco relevante y de poco fogueo político, el lo tomó como su propia travesía en el desierto al estilo socialista. Es decir sin grandes viajes a grandes universidades en el extranjero, sino que trabajando disciplinadamente en el aparato estatal.
Pero vendría su revancha, su ascenso en la cúpula socialista, su regreso al parlamento como diputado y su época de gloria. Época que no sólo está marcada por su llegada al Senado, sino por conseguir que una persona de gran cercanía ideológica e histórica a él llegara a ser la primera Presidenta de Chile. En ese momento Escalona se sintió más cerca del poder y de sus metas, vivió a través de ella el cumplimiento de un sueño socialista y realmente popular entrando a La Moneda.
Un paréntesis antes de seguir. Lamentablemente, este personaje también ha caído en esa inevitable tentación de pasearse por diferentes zonas del país como candidato. Así es como habiendo sido diputado de un distrito de la Región Metropolitana, y luego de su primera aspiración al Senado, reaparece como candidato a diputado por Lota, donde es electo. Luego en su segunda y exitosa incursión a la camara alta lo hace por la Décima Región Sur, triunfando nuevamente y metiéndose al bolsillo las ideas de regionalismo donde las regiones eligen sus representantes ante la sede del poder central. En fin, lamentable.
Retomando, para Camilo Escalona tener a su amiga y compañera Bachelet en el máximo cargo de representación popular del país no ha sido todo lo agradable que el hubiera querido. Esto porque por un lado ha tenido que hacerse cargo personalmente del blindaje de esta en el Parlamento y al interior de su propio partido. En el primer lugar defendiendo leyes e iniciativas emblemáticas de la Presidenta, pero que no necesariamente lo representaban a él a cabalidad. Luego en su partido donde existen variados grupos, siendo los más radicales bastante críticos con el modelo económico – social desarrollado por el ejecutivo. Su actitud un tanto soberbia y poco dialogante también le han pasado la cuenta y ha debido gastar mucho tiempo en defenderse. Es así como se ha desdibujado al líder socialista y se ha convertido en un arquero atrapa goles, que está tan cansado que al final le pasan alguno por agotamiento.
Recientemente ratificado en la dirección de su partido, busca lograr a través de esto y de la próxima elección municipal dar un espaldarazo final a quien fuera su candidata y con la que tiene una responsabilidad de lealtad muy grande. Ya con ella fuera de La Moneda podrá relajarse y ser el francotirador que siempre le ha acomodado más ser.
Siempre y cuando su idea de levantar a Insulza no resulte. Pero aunque resulte y este sea el próximo Presidente de la República, su nivel de compromiso disminuirá, además tendríamos a un primer mandatario más fogueado y con menor necesidad de ser blindado. Amigo de los acuerdos, criado en la política y por ende, desde el punto de vista del manejo no necesita que Escalona le cuide las espaldas.
El futuro entonces de Escalona por dónde va. A lo mejor tomar un respiro luego que acabe el actual gobierno, dedicándose a su labor parlamentaria, dejando la presidencia del PS y quedando en una cómoda segunda línea por un tiempo. Ministro en un gobierno de la Concertación no sería, su reelección está a cuatro años aún, por lo que asumir compromisos eleccionarios no está en su futuro cercano. Creo que debería relajarse y volver a las bases, preparar a los lideres de su partido para el futuro, recorrer el país y las poblaciones, recuperar el espacio entre el pueblo que le arrebato la UDI hace 10 años, y resurgir con el apoyo popular, para reoxigenar a la Concertación y a su propia vocación política.