jueves, julio 10, 2008
Comida
Una de las cosas que más se echa de menso al viajar es la comida. Por muy buena que sea en el lugar donde se está, por barata, exótica, variada y abundante que sea, uno siempre quiere la comodidad de ciertos sabores conocidos al momento de relajarse comiendo.
Como pierdo rápidamente el hilo cuando escribo y divago mucho, echo mano a una lista más para nombrar 9 platos que me gustaría poder comer ya. 3 entrantes, 3 principales y 3 postres:
- Empanada de pino: empanadas hay en todas partes, rellenos múltiples y variados, pero una buena empanada con carne picada, jugosita y sabrosa cebolla condimentada, aceituna y huevo duro, en esa masa suficiente mente crujiente para aguantar sin guatear, es algo que solo en mi país consigo.
- Machas a la parmesana: también, mariscos hay en todas partes, pero en todas se preparan de manera muy diferentes. Comerlos de la concha con queso y vino blanco es una forma muy chilena, sencilla y sabrosa de disfrutar de las machas.
- Palta rellena con colitas de camarones: la palta se ve por acá pero es como un trofeo, casi no se toca por lo cara. Camarones hay mejores y más grandes en todo el mundo, pero esos pequeñitos que tenemos por allá en una palta hass con un poco de mayonesa casera encima, es un plato que pocos extranjeros comprenden y no saben lo que se pierden.
- Pastel de jaiba: lejos uno de mis platos favoritos, es un resumen de las mejores cosas de la cocina. La jaiba y su carne son de vicio, además de versátiles. En el pastel demuestra lo sabrosa que es y se potencia en una preparación delicada y cuidada.
- Humitas: de los platos típicos chilenos es quizás uno de los más interesantes y simples. Son sinónimo de verano, de buena comida sin necesidad de un trozo de carne al lado. Son sinónimo de campo y de olores a cocina antigua que poco se encuentra en la actualidad. Yo me como una con ensalada a la chilena y otra con azúcar, perfecto.
- Merluza frita: nuevamente, el pecado frito es mundial, ya sea el pescadito de los andaluces, el fish and chips de los anglosajones o nuestra querida pescada frita. La presa entera, recién pescada, con un buen batido que combine bien harina, huevos y la mano del cocinero. Plato de sábados de toda la vida en mi casa a la hora de almuerzo.
- Mote con huesillo: gusto heredado de mi padre, es fresco, rico y contundente. No se a quien se le ocurrió algo así, no he visto nada parecido en ninguna parte y la verdad es que es además un plato muy adaptable, ya sea como postre de una comida bien abundante o a la orilla del camino para pasar el calor en pleno verano.
- Frutas cocidas (manzana-pera-membrillo): sé que esta elección deberé defenderla como a mi vida, pero vale la pena. Tradicionalmente en mi casa se mezclaban estas tres frutas y se cocían con un poco de azúcar y canela. Cada una aporta algo diferente. Postre de invierno, sencillo y muy rico. Molido es una rica compota a la que se le puede echar yogurt o crema. O rellenar un kuchën o lo que sea. La cocina chilena no es tan exportable porque no es parafernálica, es solo buena y sencilla, como este postre.
- Torta de lúcuma con manjar y nueces: no soy un fanático de tanto manjar y tanto dulzor en una torta. Pero si ponemos lúcuma y nueces estamos hablando de una experiencia sensorial en si muy superior y recomendable. La lúcuma es de una intensidad tanto aromática como gustativamente tan alta, que potencia y enaltece cualquier postre. En dicha torta le otorga la nota diferente y humildemente creo que hasta le sube el pelo.
Como pierdo rápidamente el hilo cuando escribo y divago mucho, echo mano a una lista más para nombrar 9 platos que me gustaría poder comer ya. 3 entrantes, 3 principales y 3 postres:
- Empanada de pino: empanadas hay en todas partes, rellenos múltiples y variados, pero una buena empanada con carne picada, jugosita y sabrosa cebolla condimentada, aceituna y huevo duro, en esa masa suficiente mente crujiente para aguantar sin guatear, es algo que solo en mi país consigo.
- Machas a la parmesana: también, mariscos hay en todas partes, pero en todas se preparan de manera muy diferentes. Comerlos de la concha con queso y vino blanco es una forma muy chilena, sencilla y sabrosa de disfrutar de las machas.
- Palta rellena con colitas de camarones: la palta se ve por acá pero es como un trofeo, casi no se toca por lo cara. Camarones hay mejores y más grandes en todo el mundo, pero esos pequeñitos que tenemos por allá en una palta hass con un poco de mayonesa casera encima, es un plato que pocos extranjeros comprenden y no saben lo que se pierden.
- Pastel de jaiba: lejos uno de mis platos favoritos, es un resumen de las mejores cosas de la cocina. La jaiba y su carne son de vicio, además de versátiles. En el pastel demuestra lo sabrosa que es y se potencia en una preparación delicada y cuidada.
- Humitas: de los platos típicos chilenos es quizás uno de los más interesantes y simples. Son sinónimo de verano, de buena comida sin necesidad de un trozo de carne al lado. Son sinónimo de campo y de olores a cocina antigua que poco se encuentra en la actualidad. Yo me como una con ensalada a la chilena y otra con azúcar, perfecto.
- Merluza frita: nuevamente, el pecado frito es mundial, ya sea el pescadito de los andaluces, el fish and chips de los anglosajones o nuestra querida pescada frita. La presa entera, recién pescada, con un buen batido que combine bien harina, huevos y la mano del cocinero. Plato de sábados de toda la vida en mi casa a la hora de almuerzo.
- Mote con huesillo: gusto heredado de mi padre, es fresco, rico y contundente. No se a quien se le ocurrió algo así, no he visto nada parecido en ninguna parte y la verdad es que es además un plato muy adaptable, ya sea como postre de una comida bien abundante o a la orilla del camino para pasar el calor en pleno verano.
- Frutas cocidas (manzana-pera-membrillo): sé que esta elección deberé defenderla como a mi vida, pero vale la pena. Tradicionalmente en mi casa se mezclaban estas tres frutas y se cocían con un poco de azúcar y canela. Cada una aporta algo diferente. Postre de invierno, sencillo y muy rico. Molido es una rica compota a la que se le puede echar yogurt o crema. O rellenar un kuchën o lo que sea. La cocina chilena no es tan exportable porque no es parafernálica, es solo buena y sencilla, como este postre.
- Torta de lúcuma con manjar y nueces: no soy un fanático de tanto manjar y tanto dulzor en una torta. Pero si ponemos lúcuma y nueces estamos hablando de una experiencia sensorial en si muy superior y recomendable. La lúcuma es de una intensidad tanto aromática como gustativamente tan alta, que potencia y enaltece cualquier postre. En dicha torta le otorga la nota diferente y humildemente creo que hasta le sube el pelo.