martes, julio 08, 2008
José Miguel Insulza
Interesante personaje, lleno de matices, de seguro magnifico contertulio y hombre de un nivel de complejidad que a nadie puede dejar indiferente. Pero de ahí a que sea una real opción presidencial hay un largo camino, lleno de requisitos. Reconocer sus fortalezas es parte importante de esta columna, pero también lo es asumir las debilidades que posee para llegar a ser el hombre que encabece un quinto gobierno de la Concertación.
Lo conocí como subsecretario de Relaciones Exteriores de Frei y luego como ministro de esta misma cartera, donde destacó al tener que enfrentar y encarar la detención de Pinochet en Londres. Esta ha sido quizás la prueba política más difícil y valorable de Insulza: defender a quien le hiciera tanto daño a él y a muchos de sus cercanos, todo por respetar la soberanía nacional y los derechos de un ciudadano chileno, tal como este ciudadano no lo había hecho con tantos otros compatriotas.
Luego asume como vocero de la última etapa del gobierno de Frei dándole al equipo político el nivel y el peso del que careció durante todo ese mandato. A vista de la opinión pública aparecía un nuevo político a pesar de su edad y trayectoria, a lo mejor no el típico hombre mediático que nos estaba acostumbrando la transición, pero si uno que vivía de la política de manera autentica y paso a paso como lo hacen los que tienen real vocación pública. Lagos como buen estadista que es sabía que debía contar con el para su gobierno y sentarlo en Interior fue una buena forma de rodearse de un equipo sólido a su vez que controlar un posible liderazgo que pudiera ejercer si estaba fuera del gobierno haciendo sombra. Así son los hombres de estado, se mantienen cerca, disciplinadamente, esperando su momento para destacar. Era un secreto a voces que la imagen del ministro molestaba al Presidente porque podría opacarlo y que fueron muchas las veces en que se especulo de su salida del gabinete, más por un asunto de ego y poder, que de mala gestión. En eso llegó la OEA y a todos se les abrieron los ojos, no existía mejor forma para salir del gobierno que haciéndolo hacia la cabeza de la máxima organización política a nivel americano. Implicaba un reconocimiento a la trayectoria y capacidad de Insulza, a su vez que hasta Lagos salía fortalecido al tener un gobierno formado por figuras de tan alto nivel. No fue fácil, pero finalmente resultó. Todos felices, por el momento.
Recuerdo que en mi mente, como ya lo he mencionado antes, el colorín, Longueira y el pánzer formaban el grupo de aquellos que hacían el trabajo sucio, vale decir, negociaban lo que hubiera que negociar, decían lo que todos querían decir pero nadie se atrevía, daban los pasos que correspondían y no temían quedar mal ante la opinión pública puesto que estaban confiados de la importancia de hacer lo que debían, aunque debieran inmolarse para conseguirlo. En esta teoría, ninguno de los tres jamás seria Presidente de la Republica, porque tanto como despertaban admiración y apoyo, generaban anticuerpos en la ciudadanía. El problema es cuando estos personajes, fundamentales en toda democracia, se aburren de ser el leal segundo, el compañero de batallas pero nunca el ganador, y aspiran a la presidencia. Pierden honestidad, agudeza, objetividad, estilo, respeto y sobriedad. Se ponen excéntricos, un poco víboras y, finalmente, se transforman en lugares comunes como gran parte de aquellos que nunca llegarán destacar. Lamentablemente estos tres hombres ahora quieren ser la cabeza y no estoy seguro de si tengan todos los atributos para ser presidentes y si su pasado los acompañara para gobernar tranquilos.
Pero volviendo a José Miguel Insulza, la OEA lo ayudó a subirse al carro de los grandes líderes, sin embargo, su paso por este organismo a mermado su capacidad política y ha diluido los talentos de hombre de estado que poseía, a tal nivel que me cuesta verlo de Presidente de Chile. Senador, ministro, presidente del Senado o mejor aún que siga en la OEA pero sin la sombra de ser precandidato. Es este último hecho el que ha mermado su actuar y lo ha obligado a ser más políticamente correcto de lo habitual para él. No ha sabido usar su capacidad negociadora por temor a quemarse a nivel de Presidentes, pero tampoco a podido ser un jugador en la política contingente del país por ostentar un cargo internacional y que debe carecer de las nomenclaturas habituales de la política interna. Por ende no ha sido ni buen precandidato ni buen secretario general de la OEA. Una de las dos instancias debe dejar y soberbiamente me atrevo a recomendarle que siga en la OEA y deje la opción de ser gobernante a otros o a él pero en un futuro donde no tenga esta dicotomía.
El Partido Socialista está en la encrucijada de elegirlo a él o a Lagos, o tirarse a la piscina con uno de los más izquierdistas como Arrate o Navarro o cruzar los dedos para que aparezca una figura nueva, como les pasó con Bachelet. Como solo las dos primeras opciones son reales, debe o bien decidir por uno de los dos o decidir que estos como caballeros acuerden quien se bajará y aliviarle la carga y la responsabilidad al partido. Creo que esta última será la opción, porque como estadistas que son, no se desangraran en público y buscaran la alternativa que más posibilidades tenga para la Concertación y para ellos.
Ya lo dije, no veo a Insulza en esta elección presidencial, creo que la OEA y el se deben una nueva oportunidad mutua. Creo que el conglomerado oficialista lo necesitará pronto para el Senado, un hombre fiel y que de seguro arrasará. Creo que hay muchos más escenarios donde puede aportar aún y sólo un hombre de su altura puede acoger con madurez ese desafío.
Lo conocí como subsecretario de Relaciones Exteriores de Frei y luego como ministro de esta misma cartera, donde destacó al tener que enfrentar y encarar la detención de Pinochet en Londres. Esta ha sido quizás la prueba política más difícil y valorable de Insulza: defender a quien le hiciera tanto daño a él y a muchos de sus cercanos, todo por respetar la soberanía nacional y los derechos de un ciudadano chileno, tal como este ciudadano no lo había hecho con tantos otros compatriotas.
Luego asume como vocero de la última etapa del gobierno de Frei dándole al equipo político el nivel y el peso del que careció durante todo ese mandato. A vista de la opinión pública aparecía un nuevo político a pesar de su edad y trayectoria, a lo mejor no el típico hombre mediático que nos estaba acostumbrando la transición, pero si uno que vivía de la política de manera autentica y paso a paso como lo hacen los que tienen real vocación pública. Lagos como buen estadista que es sabía que debía contar con el para su gobierno y sentarlo en Interior fue una buena forma de rodearse de un equipo sólido a su vez que controlar un posible liderazgo que pudiera ejercer si estaba fuera del gobierno haciendo sombra. Así son los hombres de estado, se mantienen cerca, disciplinadamente, esperando su momento para destacar. Era un secreto a voces que la imagen del ministro molestaba al Presidente porque podría opacarlo y que fueron muchas las veces en que se especulo de su salida del gabinete, más por un asunto de ego y poder, que de mala gestión. En eso llegó la OEA y a todos se les abrieron los ojos, no existía mejor forma para salir del gobierno que haciéndolo hacia la cabeza de la máxima organización política a nivel americano. Implicaba un reconocimiento a la trayectoria y capacidad de Insulza, a su vez que hasta Lagos salía fortalecido al tener un gobierno formado por figuras de tan alto nivel. No fue fácil, pero finalmente resultó. Todos felices, por el momento.
Recuerdo que en mi mente, como ya lo he mencionado antes, el colorín, Longueira y el pánzer formaban el grupo de aquellos que hacían el trabajo sucio, vale decir, negociaban lo que hubiera que negociar, decían lo que todos querían decir pero nadie se atrevía, daban los pasos que correspondían y no temían quedar mal ante la opinión pública puesto que estaban confiados de la importancia de hacer lo que debían, aunque debieran inmolarse para conseguirlo. En esta teoría, ninguno de los tres jamás seria Presidente de la Republica, porque tanto como despertaban admiración y apoyo, generaban anticuerpos en la ciudadanía. El problema es cuando estos personajes, fundamentales en toda democracia, se aburren de ser el leal segundo, el compañero de batallas pero nunca el ganador, y aspiran a la presidencia. Pierden honestidad, agudeza, objetividad, estilo, respeto y sobriedad. Se ponen excéntricos, un poco víboras y, finalmente, se transforman en lugares comunes como gran parte de aquellos que nunca llegarán destacar. Lamentablemente estos tres hombres ahora quieren ser la cabeza y no estoy seguro de si tengan todos los atributos para ser presidentes y si su pasado los acompañara para gobernar tranquilos.
Pero volviendo a José Miguel Insulza, la OEA lo ayudó a subirse al carro de los grandes líderes, sin embargo, su paso por este organismo a mermado su capacidad política y ha diluido los talentos de hombre de estado que poseía, a tal nivel que me cuesta verlo de Presidente de Chile. Senador, ministro, presidente del Senado o mejor aún que siga en la OEA pero sin la sombra de ser precandidato. Es este último hecho el que ha mermado su actuar y lo ha obligado a ser más políticamente correcto de lo habitual para él. No ha sabido usar su capacidad negociadora por temor a quemarse a nivel de Presidentes, pero tampoco a podido ser un jugador en la política contingente del país por ostentar un cargo internacional y que debe carecer de las nomenclaturas habituales de la política interna. Por ende no ha sido ni buen precandidato ni buen secretario general de la OEA. Una de las dos instancias debe dejar y soberbiamente me atrevo a recomendarle que siga en la OEA y deje la opción de ser gobernante a otros o a él pero en un futuro donde no tenga esta dicotomía.
El Partido Socialista está en la encrucijada de elegirlo a él o a Lagos, o tirarse a la piscina con uno de los más izquierdistas como Arrate o Navarro o cruzar los dedos para que aparezca una figura nueva, como les pasó con Bachelet. Como solo las dos primeras opciones son reales, debe o bien decidir por uno de los dos o decidir que estos como caballeros acuerden quien se bajará y aliviarle la carga y la responsabilidad al partido. Creo que esta última será la opción, porque como estadistas que son, no se desangraran en público y buscaran la alternativa que más posibilidades tenga para la Concertación y para ellos.
Ya lo dije, no veo a Insulza en esta elección presidencial, creo que la OEA y el se deben una nueva oportunidad mutua. Creo que el conglomerado oficialista lo necesitará pronto para el Senado, un hombre fiel y que de seguro arrasará. Creo que hay muchos más escenarios donde puede aportar aún y sólo un hombre de su altura puede acoger con madurez ese desafío.