miércoles, octubre 11, 2006
Divagaciones en serio
Me quiero ir, desaparecer un rato, recobrar mi bajo perfil, pasar más desapercibido que lo habitual.
Me quiero ir de viaje. Hacer algo nuevo. Cambiar de ambiente, a lo mejor cambiar de vida. Variar el escenario donde me desenvuelvo, los personajes con que interactúo, las situaciones en las que me toca existir.
Estoy algo chato, partí la semana feliz, pero nuevamente estoy aburrido. Dan ganas de mandar todo a la mierda.
No es algo laboral, pero en parte sí.
Es culpa de mis amigos, pero tampoco es la real causa.
El corazón late a ratos y eso cansa.
La cabeza anda a full, no sé si siento con el corazón, con la cabeza o con la guata.
Yo creo que tengo un sentir muy orgánico, es mi organismo el que va reaccionado frente a lo que me va pasando. Y por eso se siente ajeno, incomodo, fuera de lugar, cansado y sin destino.
Uno, dos y tres, y mil, y lo que sea, puedo contar hasta el infinito, o contar ovejas o esperar, mirar al cielo y esperar, mirar los puntos negros en mi brazo y desesperar.
Tengo libertad, libertad condicional, condicionada por la falta de valor de parte mía para hacer lo que se me viene en gana, para emprender el rumbo, o quedarme, pero contento y satisfecho.
La vida ha sido buena conmigo, pero yo soy un inconformista. Sólido para el resto, una jalea por dentro. ¿Se puede saber por qué me admiran? Yo no tengo nada admirable, entonces no me miren para arriba, mírenme de frente, jamás para abajo, siempre de frente.
Basta de quejarse. Basta de guardar silencio cuando solo quiero gritar. Gritar, mandar algunas cosas a la mierda y partir. Irme a trabajar en un bar, dejar de ahorrar, gastarme la plata, la vida y las ganas.
¿Alguien se sorprenderá si me voy? A lo mejor sí. A lo mejor hasta alguien sienta pena, pero eso se pasa, rápido, la gente se acostumbra a las ausencia y ese escenario no me molesta. Prefiero que se olviden de mí por no estar antes de que se olviden de mí estando presente.
Divago. Un poco. Mucho. Sí, a veces, gracias.
Eso por ahora.
Me quiero ir de viaje. Hacer algo nuevo. Cambiar de ambiente, a lo mejor cambiar de vida. Variar el escenario donde me desenvuelvo, los personajes con que interactúo, las situaciones en las que me toca existir.
Estoy algo chato, partí la semana feliz, pero nuevamente estoy aburrido. Dan ganas de mandar todo a la mierda.
No es algo laboral, pero en parte sí.
Es culpa de mis amigos, pero tampoco es la real causa.
El corazón late a ratos y eso cansa.
La cabeza anda a full, no sé si siento con el corazón, con la cabeza o con la guata.
Yo creo que tengo un sentir muy orgánico, es mi organismo el que va reaccionado frente a lo que me va pasando. Y por eso se siente ajeno, incomodo, fuera de lugar, cansado y sin destino.
Uno, dos y tres, y mil, y lo que sea, puedo contar hasta el infinito, o contar ovejas o esperar, mirar al cielo y esperar, mirar los puntos negros en mi brazo y desesperar.
Tengo libertad, libertad condicional, condicionada por la falta de valor de parte mía para hacer lo que se me viene en gana, para emprender el rumbo, o quedarme, pero contento y satisfecho.
La vida ha sido buena conmigo, pero yo soy un inconformista. Sólido para el resto, una jalea por dentro. ¿Se puede saber por qué me admiran? Yo no tengo nada admirable, entonces no me miren para arriba, mírenme de frente, jamás para abajo, siempre de frente.
Basta de quejarse. Basta de guardar silencio cuando solo quiero gritar. Gritar, mandar algunas cosas a la mierda y partir. Irme a trabajar en un bar, dejar de ahorrar, gastarme la plata, la vida y las ganas.
¿Alguien se sorprenderá si me voy? A lo mejor sí. A lo mejor hasta alguien sienta pena, pero eso se pasa, rápido, la gente se acostumbra a las ausencia y ese escenario no me molesta. Prefiero que se olviden de mí por no estar antes de que se olviden de mí estando presente.
Divago. Un poco. Mucho. Sí, a veces, gracias.
Eso por ahora.