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martes, enero 16, 2007

 

Largo camino para un beso

Te miraré directamente a los ojos. Intensamente a los ojos. Y sonreiré levemente al hacerlo.
Será mi primer paso para tratar de seducirte.
Es que quiero que eso quede claro.
Por que a veces soy un poco torpe y no expreso lo que quiero.
Es como cuando sonrío y el resto no se da cuenta.
Imagínate si algo tan simple como eso no queda claro, entonces más difícil aún es demostrarte que quiero tener algo contigo.
Y no creas que esto último es un algo cualquiera.
Lo que yo quiero es ir paso a paso. Lo sexual no es prioritario, tampoco de segundo plano, es sólo una fase más, no el fin ni el origen ni menos un requisito.
Es bueno ser moderno, de avanzada, progresista.
Pero también lo es volver a algunas tradiciones. Ser a la antigua a la hora de abordar a alguien.
Y créeme que para mi es el camino difícil, puesto que lo que más me ha resultado es un beso leso con un par de licores envalentonándome.
Pero la idea aquí es otra.
Como te decía, partiría mirándote a los ojos. Directamente, curiosamente, tímidamente.
Mis ojos son grandes y expresivos, pero no nos llevamos bien.
Porque a veces quiero ser discreto y mirar de reojo, pero no, ellos se abren majestuosos cual pavo real y dejan en evidencia cualquier interés mío.
Hoy ando inspirado, y si estuvieras frente a mí, saltaría encima de ti con toda la oferta. Más bien conmigo, que soy la oferta que te puedo presentar.
Pero dejemos la ansiedad y volvamos a los ojos, a esa mirada con la que iniciaré mi acercamiento.
Buscaran tu mirada, la esquivarán y volverán a buscarla.
Cuando haya una respuesta clara de tu parte ya no apartaré la mirada. Sonreiré con ella. Y con mi rostro también. Debes tener paciencia y descubrir esa sonrisa tímida que te estaré regalando.
El siguiente paso es generar algún tipo de contacto, mental, verbal, físico, el que sea.
Si estamos cerca intentaré un tímido roce mientras conversamos. Idealmente piel con piel. Pero si no resulta no importa. Lo que quiero es marcar presencia, de manera accidental, claro está.
Y por ahí no más llego.
Ríete. Sí, ríete.
Pero es la verdad, es ahí donde generalmente quedo, esperando un feed back positivo de tu parte. Esperando que te hayas dado cuenta de mis intenciones y des algún paso tu.
Y es ahí donde me quedo, triste, ilusionado, motivado, contenido, esperanzado, a un paso de ti, pero a cuadras en distancia real.
Como soy bajo te mirare hacia arriba, tampoco es que seas de tan altura, pero es lo más probable.
Con cara de pena y de ansioso a la vez.
Que fuerte todo esto que te estoy confesando, es como entregarte mi estrategia y permitirte estar preparado.
Eso es bueno y malo, como todo. O como casi todo.
No explicaré porque, es bastante evidente.
Tan evidente como mis intenciones de robarte un beso y conectarme de manera real por primera vez contigo.
Sobrio. Sí, sobrio. De otra manera estaría cayendo en la vieja rutina donde salgo herido y mal evaluado.
Si todo resulta como sueño que resulte entonces las cosas serán mas fáciles, más fluidas, al menos en un primera etapa.
No quiero tirarme flores, pero sé que soy un buen besador. Al principio era algo ansioso, torpe, baboso. Pero ahora sé ir con clama.
Sé que primero los labios se tienen que reconocer, gustar, acomodar.
Luego las bocas se abren de apoco, las lenguas empiezan a aparecer y a abrirse espacio.
Si el beso quiere tener futuro debe ser calmado, no es la idea un beso arrebatado. Acá lo que queremos es ir lentamente.
En algún momento esas lenguas se encontraran y ahí la cosa llega a un punto critico. Es el momento en que se ve si hay química entre ambas, si son capaces de entregarse al juego o si ese beso no conduce a nada.
Si la cosa funciona me gusta descubrir el sello de ese beso. Son todos distintos.
Por las personas, por las lenguas, por las intensidades, por los escenarios, por lo que sea.
Y además me gusta retomar el roce. Acariciar tu nuca o tu cara.
Agarrarnos de las manos e ir evaluando, ahí también, la intensidad que toma esto.
Parar entre medio, con la respiración un poco agitada, mirarnos, sonreír breve y especiadamente, y seguir con más besos, sin siquiera mediar una palabra.
Luego pueden pasar muchas cosas, pero no es la idea acá seguir con eso. En lo personal me gusta agarrar tu olor, sentir tu sello y ver como te recordaré cuando esa noche antes de dormirme repase paso a paso ese beso.
Porque espero dormirme con ese recuerdo en mi mente y no con el vacío que queda cuando nada pasa y la ilusión se esfuma.
Conozco esa sensación.
Frustrante, negra, llena de rabia, pena. Resignación e ideas sobre un futuro apocalíptico.
Pero la actitud debe ser positiva, desde un principio.
Quiero que percibas seguridad en esa primera mirada.
Pero no soberbia, eso es lo ultimo que espero que emane de mí.
Quiero que te sientas deseado por mi mirada, por mis acciones.
Quiero que te sientas el elegido, pero no como una presa, sino que como un complemento, un feliz complemento.
Esa es la idea, hacer algo entre dos y no solo yo mendigando un beso y gestos de cariño, o de pasión, o de compasión, no eso no, si no quieres seguir no lo hagas, eso es mil veces mejor que hacerlo simplemente por darme el gusto o darte un gustito.
Es la vida que quiero empezar a vivir, más lúdica, más placentera, con un ocio fecundo, con ideas resolutas, con pasión física y mental a la vez, con fantasías de carne y hueso, con noches de felicidad y sueños tranquilizadores.
Es que a veces me reconcilio con mis ojos y nos fijamos una meta en común.
Ellos son traidores, pero por un bien mayor.
Eso lo he logrado comprender.
Lo que no logro entender es por qué esos mismos ojos que me delatan con insolencia, no me ayudan a ser mas jugado. Ellos saben hacerlo.
Ellos juegan todo el tiempo, conmigo y con el resto.
Pero bueno, no son solo ellos los culpables.
Son también estos días nublados entre medio de la olla de calor en que estamos viviendo.
Es un café con leche, recién salido de la ducha, desnudo entre las sabanas.
Es la mitad de mi cama vacía, esperando a que decida llenarla.
Es la reafirmación de mi soledad que me lleva a necesitar a alguien.
No como un fin, sino que como un complemento.
Pero no sé dónde buscarte. Tengo una vaga idea, pero es solo eso.
A veces te veo entre mis amigos. Otras veces tras una pantalla. Algunas incluso en los diarios o caminando por ahí.
Nos hemos visto en fiestas. A veces incluso has sido el tú el que me ha visto y yo no lo he notado.
Pero como en un laberinto o en una comedia de equivocaciones, nuestras bocas no coinciden.
Sé que todo llega en algún momento, pero sinceramente creo que este es mi momento.
Estoy dispuesto a ciertos sacrificios, a ser menos trabajólico y crear espacios de encuentro.
Porque sé que no será fácil mantener la dinámica de besos, miradas, roces y todo eso que nos encantará.
Tú eres una persona ocupada, con vida propia, multidimencional, como a mí me encanta.
Y yo soy algo obsesionado con el trabajo, con el descanso, con la responsabilidad.
Tu me despeinaras, yo te atenderé.
Tu me contaras como es que un día llegaremos juntos a la luna y yo te pondré la mayor de las atenciones, pensando simplemente si iremos descalzos o no.
Un día me dirás que mis ojos son unos malditos, porque cuando estas con altos niveles de furia hacia mi y mi pasividad, vendrás a encararme y mis ojos tomaran mi defensa y pocos segundos después estaremos nuevamente abrazando nuestras lenguas en un largo y juguetón beso.
Es que las cosas no serán fáciles, y no solo porque soy complejo. No serán fáciles porque no deben serlo, si lo entretenido es mantenerse activos y atentos.
No peleando, pero si desafiando nuestros sentidos, nuestros proyectos y nuestras realidades.
Todo partirá con una mirada, con una sutil sonrisa, con un roce aparentemente involuntario y con una paciencia infinita de mi parte. De tu parte también.
Hoy he despertado optimista y creo que todo eso es posible. Que es cosa de esperar, o de actuar. Que algo hay para mí aun debajo del árbol.
Que locura pensar todo esto.
Si quienes me rodean vieran esto no sabría ni que decirles, mucha vergüenza. Es que esta sarta de tonteritas que escribo sin un orden lógico me dejan desnudo frente a todos.
O a lo mejor no frente a todos, sino que solo frente a aquellos capaces de mirar más allá de lo evidente.
Pero volvamos a ti, al inicio de todo esto.
Te imagino de mil maneras y me asusto por estar admirándote antes de conocerte.
Por ser inconsecuente e hipotecar parte de mi felicidad contigo como aval.
En fin, mucho escándalo por un beso.
Quizás debería ir tan solo a dártelo.
Me haría tan bien.
Me harías tan bien.
Un beso.
Adiós.

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