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martes, julio 10, 2007

 

Lo sencillo

Mucha sofisticación a veces entretiene, pero la gran mayoria de las veces cansa. Cuando esto se aplica a la comida es una opinion que va ganado cada dia más adeptos.
Platos rebuscados, ingredientes imposibles de apreciar, porciones ridiculas, mezclas novedosas pero que ni juntan ni pegan, y muchas otras opciones que sólo generan que algo tan simple como disfrutar de una comida se transforme en una gran desilusión.
Luego de las malas o regulares experiencias que habia tenido el último tiempo saliendo a comer fuera, este domingo encontré la reivindicación a esto que tanto me gusta hacer.
Sin importar las circunstancias en esto, lo importante era que figurabamos tres personas con mucha hambre, muy cansados y con ganas de algo reponedor y en un ambiente agradable. Asi llegamos a Hacienda Lolol camino al pueblo con este mismo nombre en el valle de Colchagua. No era temprano, es más, las pocas mesas que estaban ocupadas ya parecian terminar. Sin embargo, no tuvieron problema en recibirnos y preparar una mesa. La carta en una pizarra indicando los 4 platos disponibles. Cada uno pidio uno distinto, luego llego el pebre, el pan, un pisco sour con mandarina que estaba increible aunque un poco dulce, lo que fue inmediatamente justificado por la moza quien adelantandose me preguntó sobre el dulzor y me explico que no lo podian hace tan seco por el publico femenino. Todo bien en todo caso.
Luego, de manera muy rapida, llegaron los platos. Increibles, porciones adecuadas, sabroso, bien hechos, caseros pero absolutamente profesionales. Yo una mechada de esas que ya no se hacen por el tiempo que toma cocer correctamente la carne. Otro plato dándole una pequeña vuelta de tuerca al pollo asado y un tercero con una salsa de vino suave y bien hecha como pocas veces la he probado. Acompañamientos adecuados hiceron del plato principal un verdadero plato de fondo.
Y luego nos ofrecen postres, a lo que los tres accedimos y vaya que quedamos felices. Leche asada, consistente, casera, notable. Tocino del cielo, de una suavidad y delicadesa que a uno lo hacian sentir extasiado. Y el mio, un muosse de chocolate, concentrado, elegante, en una porcion justa, simplemente orgásmico.
Buen cafe al final, la chimenea siempre prendida, los dueños todo el tiempo preocupados de nosotros y de hecho la familia dueña del lugar junto a la chimenea departiendo una tarde de domingo, todos elementos que crearon un grato y amigable ambiente.
La sonrisa en nuestras caras al irnos demostraron lo felices que quedamos, lo gustosos que nos ibamos y la buena experiencia que habia sido.
Ven? no es tan dificil gozar la comida, con simpleza y con detalles. Por fin salir a comer volvio a ser una buena experiencia!!!

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