jueves, julio 10, 2008
Vino
Me atreveré a recomendar vino. Vino chileno. Tres blancos, tres tintos y tres otros (o sea un late, un rosado, un Premium). Con nombre y apellido cada uno, para que al que le interese pueda ir a buscarlos y juzgar por si mismos mis gustos:
- Doña Isidora, Riesling, Cousiño Macul: fresco, expresivo de la variedad, intenso, elegante y de muy buena relación precio – calidad. Su versatilidad permite beberlo como un vino fresco para una calurosa tarde de verano, como aperitivo o acompañando vinos que requieran un equilibrado complemento. Esta variedad se comporta muy bien como vino varietal o reserva, con algo de azúcar residual o completamente seco. En este caso tenemos una primera aproximación al Riesling con un vino que no deja para nada indiferente y que abre las puertas a seguir conociendo la cepa y sus vinos asociados.
- Novas Sauvignon Blanc: siempre he sentido que las viñas chilenas ponen demasiado esfuerzo en la nariz de los vinos de esta variedad y descuidan la boca. Claro, la nariz es la puerta de entrada, lo más atractivo y a la vez esperable de esta cepa. Pero la carencia de complejidad es la gran falla de estos vinos en Chile, les falta volumen, ser más sabrosos y entregar un resultado más envolvente, jugoso y goloso. Este vino lo logra sin dejar de lado la nariz, con lo que se logra un vino fresco, expresivo y muy gustoso al paladar. Es un primer paso en la serie de siguientes pasos que debe ir dando esta variedad en las viñas nacionales, en busca de más riesgo y expresión.
- Chardonnay Classic Reserve, Leyda: conjugar la mayor untuosidad de esta variedad y la nota frutal tan bien evaluada es un verdadero desafío. El mercado está lleno de grandes Chardonnay de un rango reserva con madera, mucha a veces, algo de maloláctica y en general una sensación más empalagosa. Por otra parte hay una larga lista de varietales insulsos, de narices intensas pero poco elegantes y mezquinas, que en boca se dejan beber, pero no se recuerdan. Este vino entrega una perfecta combinación de acidez fresca y jugosa con una complejidad aromática y estructural que permiten beberlo como un gran vino, de esos que dejan un buen gusto mucho rato después e invita a recordarlo para comprarlo nuevamente.
- Punto Alto Pinot Noir, Laroche: la gran gracia de este vino es respetar la fruta y complementarla con una muy bien trabajada crianza en barrica. Presenta la frutosidad algo licorosa que tanto se aprecia en esta variedad y a la vez nos permite sentir las más finas especias de un roble bien usado. Por el merito de no tapar con madera y mostrar el potencial de esta variedad en Chile es que este vino merece ser bebido y recomendado a ojos cerrados.
- Carménère Reserva Limited Edition, Pérez Cruz: esta viña el último tiempo hace todo bien, tienen uvas de gran calidad apreciadas en el medio, una bodega que es un lujo y sobre todo un trabajo constante, silencioso y muy talentoso. En este vino la variedad se muestra en su máximo potencial, entregando toda su fruta madura, viva y confitada, pero sin dejar de lado el toque vegetal positivo como aporte característico a la complejidad. La zona además entrega cierto carácter mentolado y el trabajo en barrica potencia la incipiente y elegante especia que exhibe el Carménère cuando es adecuadamente tratado. Vino completo, goloso, de una estructura que lo llena todo, pero que se deja beber e invita a tomar una segunda copa.
- Gran Tarapacá, Reserva, Syrah: el Syrah es de por si una variedad talentosa y versátil, capaz de entregar características únicas y especiales en cada lugar en que se cultive. Acá no es la excepción. El vino es concentrado, amplio, de un color increíble, nariz generosa y boca gustosa. Es un vino no sólo para seguir bebiendo una segunda copa, sino que además retomarlo en diferentes ocasiones para ir percibiendo su gran rango de acción con diferentes comidas. Perfecta armonía entre madera bien usada, fruta madura concentrada y expresión de la variedad en todo su potencial. Una grata sorpresa de una viña que por lo general me decepcionaba.
- Semillón Late Harvest, Viu Manent: en lo personal creo que un vino tan extremo como un vino dulce, en este caso de cosecha tardía, necesita de ciertas condiciones para poder convertirse en un buen vino y llegar más allá de ser una golosina. En este sentido variedades con una acidez natural más alta, con pieles más gruesas que mantengan la integridad y calidad de la baya durante la sobre maduración y pudrición necesaria, pueden ser la alternativa. El perfil aromático de estos vinos es amplio y no está únicamente determinado por la variedad usada, por lo que poner ojo en otros aspectos me resulta más importante. Al ser vinos dulces y alcohólicos a la vez, claramente untuosos, debe haber un equilibrio con la acidez de manera de no hacerlo empalagoso y permitir beber más allá de un sorbo. Este vino logra eso y si lo conjugamos con un servicio muy pero muy frío lograremos que el equilibrio sea aún más perfecto y la experiencia mucho más agradable. El alcohol más alto que la media del mercado de estos vinos se defiende solo, ya que otorga carácter al vino y no esa sensación sosa que aparece cuando lo que domina es el azúcar.
- Pink Coat, Rosé de Syrah, Tamaya: de los vinos rosados se pueden decir muchas cosas. A su vez las variedades usadas, las técnicas aplicadas y la importancia que la da cada bodega a su elaboración, varia mucho. Es por este motivo que la comparación entre ellos es más bien superficial, o basada en el resultado total final. Al no ser todos obtenidos de la misma manera hay demasiados matices que podrían invalidar una evaluación del conjunto de vinos rosados a la vez. En este universo de vinos relacionados pero diferentes, este Rosé destaca por su increíble color, sus aromas frescos y maduros, y especialmente por una boca coherente y que no desilusiona. Muchas veces un llamativo color y una nariz frutosa llevan a esperar una boca igual de amable, sin embargo, varios vinos se caen al entregar un vino seco y plano en exceso. Este no es el caso, ya que al beberlo resulta tan delicioso y refrescante como ha sido desde un principio.
- Cordillera, Miguel Torres: fresco y especiado, diferente, intenso, a la vez que sutil y elegante, son algunas de las cosas que se puede decir de este vino. Un vino distinto que demuestra el talento de mezclar bien distintas variedades de uva de manera que estas se potencien y complementen, entregando un producto equilibrado desde todo punto de vista y muy agradable de tomar. La mezcla de Cariñena con Merlot y Syrah, es poco habitual en los vinos chilenos y demuestra el tremendo potencial que recién se está explotando en cuanto a la posibilidad de obtener vinos cada vez más especiales y únicos. Existen un montón de escenarios donde me imagino tomando este vino y creo que nunca saldrá mal parado.
Todos son vinos que van más allá de una cosecha determinada y que mantienen su calidad y estilo a través del tiempo. Y además son vinos que existen en el mercado nacional, no esas rarezas que tanto se promocionan y destacan pero de los que no se ve ni una botella en tiendas ni restaurantes chilenos.
- Doña Isidora, Riesling, Cousiño Macul: fresco, expresivo de la variedad, intenso, elegante y de muy buena relación precio – calidad. Su versatilidad permite beberlo como un vino fresco para una calurosa tarde de verano, como aperitivo o acompañando vinos que requieran un equilibrado complemento. Esta variedad se comporta muy bien como vino varietal o reserva, con algo de azúcar residual o completamente seco. En este caso tenemos una primera aproximación al Riesling con un vino que no deja para nada indiferente y que abre las puertas a seguir conociendo la cepa y sus vinos asociados.
- Novas Sauvignon Blanc: siempre he sentido que las viñas chilenas ponen demasiado esfuerzo en la nariz de los vinos de esta variedad y descuidan la boca. Claro, la nariz es la puerta de entrada, lo más atractivo y a la vez esperable de esta cepa. Pero la carencia de complejidad es la gran falla de estos vinos en Chile, les falta volumen, ser más sabrosos y entregar un resultado más envolvente, jugoso y goloso. Este vino lo logra sin dejar de lado la nariz, con lo que se logra un vino fresco, expresivo y muy gustoso al paladar. Es un primer paso en la serie de siguientes pasos que debe ir dando esta variedad en las viñas nacionales, en busca de más riesgo y expresión.
- Chardonnay Classic Reserve, Leyda: conjugar la mayor untuosidad de esta variedad y la nota frutal tan bien evaluada es un verdadero desafío. El mercado está lleno de grandes Chardonnay de un rango reserva con madera, mucha a veces, algo de maloláctica y en general una sensación más empalagosa. Por otra parte hay una larga lista de varietales insulsos, de narices intensas pero poco elegantes y mezquinas, que en boca se dejan beber, pero no se recuerdan. Este vino entrega una perfecta combinación de acidez fresca y jugosa con una complejidad aromática y estructural que permiten beberlo como un gran vino, de esos que dejan un buen gusto mucho rato después e invita a recordarlo para comprarlo nuevamente.
- Punto Alto Pinot Noir, Laroche: la gran gracia de este vino es respetar la fruta y complementarla con una muy bien trabajada crianza en barrica. Presenta la frutosidad algo licorosa que tanto se aprecia en esta variedad y a la vez nos permite sentir las más finas especias de un roble bien usado. Por el merito de no tapar con madera y mostrar el potencial de esta variedad en Chile es que este vino merece ser bebido y recomendado a ojos cerrados.
- Carménère Reserva Limited Edition, Pérez Cruz: esta viña el último tiempo hace todo bien, tienen uvas de gran calidad apreciadas en el medio, una bodega que es un lujo y sobre todo un trabajo constante, silencioso y muy talentoso. En este vino la variedad se muestra en su máximo potencial, entregando toda su fruta madura, viva y confitada, pero sin dejar de lado el toque vegetal positivo como aporte característico a la complejidad. La zona además entrega cierto carácter mentolado y el trabajo en barrica potencia la incipiente y elegante especia que exhibe el Carménère cuando es adecuadamente tratado. Vino completo, goloso, de una estructura que lo llena todo, pero que se deja beber e invita a tomar una segunda copa.
- Gran Tarapacá, Reserva, Syrah: el Syrah es de por si una variedad talentosa y versátil, capaz de entregar características únicas y especiales en cada lugar en que se cultive. Acá no es la excepción. El vino es concentrado, amplio, de un color increíble, nariz generosa y boca gustosa. Es un vino no sólo para seguir bebiendo una segunda copa, sino que además retomarlo en diferentes ocasiones para ir percibiendo su gran rango de acción con diferentes comidas. Perfecta armonía entre madera bien usada, fruta madura concentrada y expresión de la variedad en todo su potencial. Una grata sorpresa de una viña que por lo general me decepcionaba.
- Semillón Late Harvest, Viu Manent: en lo personal creo que un vino tan extremo como un vino dulce, en este caso de cosecha tardía, necesita de ciertas condiciones para poder convertirse en un buen vino y llegar más allá de ser una golosina. En este sentido variedades con una acidez natural más alta, con pieles más gruesas que mantengan la integridad y calidad de la baya durante la sobre maduración y pudrición necesaria, pueden ser la alternativa. El perfil aromático de estos vinos es amplio y no está únicamente determinado por la variedad usada, por lo que poner ojo en otros aspectos me resulta más importante. Al ser vinos dulces y alcohólicos a la vez, claramente untuosos, debe haber un equilibrio con la acidez de manera de no hacerlo empalagoso y permitir beber más allá de un sorbo. Este vino logra eso y si lo conjugamos con un servicio muy pero muy frío lograremos que el equilibrio sea aún más perfecto y la experiencia mucho más agradable. El alcohol más alto que la media del mercado de estos vinos se defiende solo, ya que otorga carácter al vino y no esa sensación sosa que aparece cuando lo que domina es el azúcar.
- Pink Coat, Rosé de Syrah, Tamaya: de los vinos rosados se pueden decir muchas cosas. A su vez las variedades usadas, las técnicas aplicadas y la importancia que la da cada bodega a su elaboración, varia mucho. Es por este motivo que la comparación entre ellos es más bien superficial, o basada en el resultado total final. Al no ser todos obtenidos de la misma manera hay demasiados matices que podrían invalidar una evaluación del conjunto de vinos rosados a la vez. En este universo de vinos relacionados pero diferentes, este Rosé destaca por su increíble color, sus aromas frescos y maduros, y especialmente por una boca coherente y que no desilusiona. Muchas veces un llamativo color y una nariz frutosa llevan a esperar una boca igual de amable, sin embargo, varios vinos se caen al entregar un vino seco y plano en exceso. Este no es el caso, ya que al beberlo resulta tan delicioso y refrescante como ha sido desde un principio.
- Cordillera, Miguel Torres: fresco y especiado, diferente, intenso, a la vez que sutil y elegante, son algunas de las cosas que se puede decir de este vino. Un vino distinto que demuestra el talento de mezclar bien distintas variedades de uva de manera que estas se potencien y complementen, entregando un producto equilibrado desde todo punto de vista y muy agradable de tomar. La mezcla de Cariñena con Merlot y Syrah, es poco habitual en los vinos chilenos y demuestra el tremendo potencial que recién se está explotando en cuanto a la posibilidad de obtener vinos cada vez más especiales y únicos. Existen un montón de escenarios donde me imagino tomando este vino y creo que nunca saldrá mal parado.
Todos son vinos que van más allá de una cosecha determinada y que mantienen su calidad y estilo a través del tiempo. Y además son vinos que existen en el mercado nacional, no esas rarezas que tanto se promocionan y destacan pero de los que no se ve ni una botella en tiendas ni restaurantes chilenos.