viernes, septiembre 05, 2008
Tito, 20 años
20 años ya.
Ni una idea clara puedo desarrollar, sino que muchas ideas que con el tiempo se han acumulado.
Ideas como un sinónimo de sentimientos, de lágrimas y de horas en que pienso por qué.
Nunca lo entenderé.
Te fuiste en el mejor momento.
Cuando te necesitaba tanto, cuando todos te necesitábamos tanto.
Muchas veces lloré junto a tu tumba, reí también y conversamos.
No dejo de pensar que muchas veces te avergonzarías de mí, que soy lo que tu no querías que fuera.
Te puedo contar que desde tu muerte te rezo, eres tú mi interlocutor con Dios, en quien confío cuando los momentos de angustia me abruman, ante el temor, ante lo nuevo y también con quien comparto lo bueno que me ha ocurrido en estos largos 20 años.
Éramos tan unidos, pero de verdad éramos muy diferentes. Tu vida y la mía son divergentes, pero el tiempo y el cariño nos puso juntos en este camino, nos hizo complementarnos para disfrutar de esos poco más de nueve años que tuvimos para disfrutarnos.
Recuerdo como si fuera ayer la fatal noticia, el momento en que me dijeron que te fuiste, cuando tuve que entender que no te vería más. Pero quise mirarte y llevarme una ultima imagen tuya descansando, antes de que emprendiéramos ese nuevo viaje. Tu hacia el más allá, yo hacia una vida sin ti.
Cuando mi cuerpo me lo pide miro al cielo, busco la estrella más brillante y asumo que eres tu, que me mira y me escucha.
Están en mi memoria los chunchules, ese cumpleaños en el club, los veraneos de camping, las cosquillas en mi pieza, tu voz fuerte y clara, la manera en que disfrutábamos de la comida, cuando me regalaste una pelota de football para que a través de ella me acercara a mi papá, los volantines, los fuegos artificiales para el año nuevo, cuando me enseñaste a andar en bicicleta aunque sospecho que ni tu mismo sabias hacerlo, cuando me empujabas a esforzarme para vencer mi timidez y no ser menos frente a nada ni nadie, muchas cosas que cuesta ordenar, pero que me arrancan una gran sonrisa, un sentimiento de paz y alegría de saber que tuve la oportunidad de conocerte, abrazarte y gozarte.
Ya no soy el gordito de aquellos años, crecí, madure, me esforcé, lloré y maldecía muchas veces mi destino. Pero si volvieras a estar conmigo nuestra conexión seria instantánea, estoy seguro de eso.
Antes dije que creo que te desilusionarías de mi, pero en el fondo se que estarías feliz conmigo, así como yo estaría contigo.
Nunca es un buen momento para partir, los que quedamos lo hacemos con un enorme vacío y solo el tiempo me ha enseñado a estar agradecido de todos esos años juntos.
Te quiero, siempre lo haré y no me queda más que darte las gracias por todo, por haber sido mi abuelo y amigo, por prestarme a la vieja por tantos años más y darme el mayor regalo que he tenido: mi madre.
Mil veces gracias, mil veces contigo, tu nieto que siempre te añorará y pensará en ti.
Un beso Tito.
Ni una idea clara puedo desarrollar, sino que muchas ideas que con el tiempo se han acumulado.
Ideas como un sinónimo de sentimientos, de lágrimas y de horas en que pienso por qué.
Nunca lo entenderé.
Te fuiste en el mejor momento.
Cuando te necesitaba tanto, cuando todos te necesitábamos tanto.
Muchas veces lloré junto a tu tumba, reí también y conversamos.
No dejo de pensar que muchas veces te avergonzarías de mí, que soy lo que tu no querías que fuera.
Te puedo contar que desde tu muerte te rezo, eres tú mi interlocutor con Dios, en quien confío cuando los momentos de angustia me abruman, ante el temor, ante lo nuevo y también con quien comparto lo bueno que me ha ocurrido en estos largos 20 años.
Éramos tan unidos, pero de verdad éramos muy diferentes. Tu vida y la mía son divergentes, pero el tiempo y el cariño nos puso juntos en este camino, nos hizo complementarnos para disfrutar de esos poco más de nueve años que tuvimos para disfrutarnos.
Recuerdo como si fuera ayer la fatal noticia, el momento en que me dijeron que te fuiste, cuando tuve que entender que no te vería más. Pero quise mirarte y llevarme una ultima imagen tuya descansando, antes de que emprendiéramos ese nuevo viaje. Tu hacia el más allá, yo hacia una vida sin ti.
Cuando mi cuerpo me lo pide miro al cielo, busco la estrella más brillante y asumo que eres tu, que me mira y me escucha.
Están en mi memoria los chunchules, ese cumpleaños en el club, los veraneos de camping, las cosquillas en mi pieza, tu voz fuerte y clara, la manera en que disfrutábamos de la comida, cuando me regalaste una pelota de football para que a través de ella me acercara a mi papá, los volantines, los fuegos artificiales para el año nuevo, cuando me enseñaste a andar en bicicleta aunque sospecho que ni tu mismo sabias hacerlo, cuando me empujabas a esforzarme para vencer mi timidez y no ser menos frente a nada ni nadie, muchas cosas que cuesta ordenar, pero que me arrancan una gran sonrisa, un sentimiento de paz y alegría de saber que tuve la oportunidad de conocerte, abrazarte y gozarte.
Ya no soy el gordito de aquellos años, crecí, madure, me esforcé, lloré y maldecía muchas veces mi destino. Pero si volvieras a estar conmigo nuestra conexión seria instantánea, estoy seguro de eso.
Antes dije que creo que te desilusionarías de mi, pero en el fondo se que estarías feliz conmigo, así como yo estaría contigo.
Nunca es un buen momento para partir, los que quedamos lo hacemos con un enorme vacío y solo el tiempo me ha enseñado a estar agradecido de todos esos años juntos.
Te quiero, siempre lo haré y no me queda más que darte las gracias por todo, por haber sido mi abuelo y amigo, por prestarme a la vieja por tantos años más y darme el mayor regalo que he tenido: mi madre.
Mil veces gracias, mil veces contigo, tu nieto que siempre te añorará y pensará en ti.
Un beso Tito.